El ego del maltratador sigue inflándose con la ignorancia y la miseria moral de sus cómplices

Es inevitable para cualquier persona implicada en la manifestación cultural más relevante de la ciudad que le invada un sentimiento de orgullo. Sentimiento muy sano, si no se mezcla con un ego desbocado que últimamente está empañando la imagen de cierto colectivo que hasta ahora ha sido referente para muchos aficionados y aficionadas.

Otra cuestión a tener en cuenta es la repercusión de la fiesta más allá de Puertas de Tierra, que ha introducido en el mundo de un carnaval, originalmente localista, dos consecuencias imprevisibles: el fenómeno fan y lo que yo califico como “síndrome del artista”. ¡Cuidado! Uno puede ser artista, que hay muchos en nuestra ciudad, y otra cosa es creer serlo; nuestra ciudad también atesora un elevado número de fantasmas con esta peculiar afección.

En Cádiz y más concretamente en “Cadi, Cadi…”, nos conocemos todos, por lo que generalmente tanto el fenómeno fan como el “síndrome del artista” son cuestiones mucho más evidentes y experimentadas por autores y componentes cuando salen de bolos. Es sin duda la principal fuente de alimentación de egos desbocados.

Las agrupaciones de carnaval, históricamente integradas exclusivamente por hombres, funcionan como peculiares manosferas carnavalescas, donde el colectivo humano es también refugio de autores o componentes maltratadores o politoxicómanos. Se han dado casos, y es de dominio público en la ciudad, de proporcionar alcohol o drogas como fuente de inspiración a autores alcohólicos o politoxicómanos “rehabilitados”. Si además el autor y el grupo cuentan con el beneplácito del público, con ingresos relevantes, el batido no es precisamente de fruta fresca.

Me parece sorprendente, en la era de las redes sociales, lo aparentemente fácil que se puede manipular a los fans cautivados por la obra de un autor. Los egos desbocados y fantasmas con “síndrome de artista” no me han pillado por sorpresa conociendo bien el percal; lo que da vergüenza es la mezcla de falta de empatía con las víctimas de maltrato, cinismo y tufo a negocio en quiebra. Ni la ciudad ni la fiesta se lo merecen.

Eso sí, el ego del “maltratador” sigue inflándose con la ignorancia de sus fans y la miseria moral de sus cómplices.

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