José Marquena Domínguez, en los 75 Cursos de Verano de la UCA

El concurso de agrupaciones carnavalescas en el franquismo nunca fue ajeno ni antes ni después del periodo a estudiar. Ciertamente el Franquismo ninguneó la fiesta de febrero convirtiéndola en un evento diferente y rebautizado con otros títulos. Sin embargo, el concurso que nació y fue elemento a disposición de la burguesía decimonónica para encauzar los posibles excesos en el modo y en la forma de las agrupaciones carnavalescas, fue hábilmente reencauzado por los políticos de la Dictadura para exaltar los elementos netamente folklóricos en detrimento de la crítica y la transgresión de otros tiempos.

Denominaciones franquistas de los Carnavales de Cádiz 1954-1976
Denominaciones franquistas de los Carnavales de Cádiz 1954-1976

La censura fue arma y vela del certamen y los propios autores debieron extralimitarse y hasta endulzar sus propuestas en aras del decoro y del visto bueno del férreo control de sus repertorios.

Quizás por eso se produjo un ambiente más adecuado a la proliferación de modalidades menos críticas y satíricas como el coro o el nacimiento de la comparsa. Menos en los casos de las chirigotas y los cuartetos, que hasta final del régimen no entraron los segundos a concurso. Por eso, de alguna manera, Mr Hyde, el Carnaval, fue modificado y “civilizado” al gusto de los estándares de las autoridades competentes y retrotraído, a la contra del relato de referencia citado, a un sui géneris Dr. Jekyll, es decir, el concurso de agrupaciones carnavalescas.

¿Cuál es la diferencia esencial –que no técnica-, entre el concurso franquista y el de la democracia?

Y termino con una pregunta que dejo en al aire. ¿Cuál es la diferencia esencial –que no técnica-, entre el concurso franquista y el de la democracia?. Sí es cierto que no hay una censura institucional pero si una velada por el reglamento y la propia competición que es autocensurada por los propios interesados. El encorsetamiento persiste, quizás más que en el concurso franquista que al ser menos numeroso permitía una mayor concurrencia del público que podía pedir bises. Eso hoy sería impensable.

La filosofía de copla local se ha abierto hacia repertorios más estándares que alejan de algún modo los orígenes. Y no digamos la irrupción de los medios y las redes. El concurso es ya un evento que dispone cada vez menos elementos propios y más holísticos.

Siempre hubo intereses crematísticos pero nunca a estos niveles. Y todo esto surge del concurso, no del carnaval. A la postre, el Dr. Jekyll quiso una vez controlar el carnaval con un Mr. Hyde políticamente correcto y domado con un brebaje-pócima al que llamó concurso. Y ello caracterizado por tres elementos básicos: control, organización y encauzamiento. Nació con esos tres conceptos y nunca los perdió: ni en los concursos burgueses iniciales, ni en los de la dictadura ni en los de la democracia.

La consecuencia.

A la postre produjo el efecto contrario: el concurso, dr. Jekyll, terminó por convertirse en mr Hyde, es decir, un monstruo indomable, hydra de mil cabezas donde tiene cabida la hipocresía de una institución municipal que se da golpes de pecho por una hechura democrática y participativa, y lo que produce es el corporativismo de las instituciones “carnavalescas, representativas” que son calladas con dádivas de beneficios, ante un ayuntamiento que hace una caja enorme y que cree justificar un concurso interminable, cada vez menos folklórico carnavalesco y menos “típico” –el concurso franquista era menos libre pero más gaditano-.

¿La solución?

Matar a un mr Hyde que se desbocó desde el principio, porque el concurso jugó a ser necesario ante un carnaval que gozó desde el principio de sus dos elementos esenciales, la calle con público y los grupos con sus coplas. A partir de ahí, el establishment del poder domó y controló con elementos contranaturales y claramente anticarnavalescos que, nos puede gustar o no, no tiene la esencia de febrero. Matemos al dr Jekyll, concurso políticamente correcto, y reencontrémonos con mr. Hyde en el carnaval gaditano, en la calle, sin cortapisas, con libertad y con ello aceptemos su monstruosidad bien entendida, el de la locura, la libertad y la transgresión, no la de un certamen, crematístico, represor y empresarial que para nada cumple –y cada vez menos-, los estándares de la fiesta.

Firmado Gabriel John Utterson, Abogado.

Conclusiones de la conferencia, ‘LA GÉNESIS DE MR. HYDE: EL CONCURSO DE AGRUPACIONES CARNAVALESCAS EN EL FRANQUISMO’ impartida por José Marchena Domínguez, durante los 75 Cursos de Verano de la Universidad de Cádiz –
Las Fiestas Típicas Gaditanas (1949 – 1977): Desmontando los mitos y leyendas

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