Mientras la comparsa calentaba voces en la trasera del escenario del Teatro Falla en la madrugada del 22 de enero de 2008, Juan Carlos, con referencias a la indumentaria de la Banda de los Corazones Solitarios del Seargent Peppers de The Beatles, su antifaz maquillado sobre el rostro, Aragón, repito, había elegido para su tipo una loneta negra y polvorienta con tiras desgarradas de lo mismo en gris ceniza, me negó que el carácter elegido para defender el primer premio del concurso anterior con Araka La Kana tuviera algo que ver con el protagonista de la novela homónima de Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, 1833-Madrid, 1891) “El Capitán Veneno”.
El tipo, según el autor de la Laguna, no guardaba relación alguna con la novela “El Capitán Veneno”, sobrenombre de don Jorge de Córdoba, un personaje rebelde e indómito creado por Alarcón que daba título a una obra de trasfondo histórico publicada en 1881, que comienza en Madrid en abril de 1848 con las algaradas protagonizadas por los republicanos y reprimidas con dureza por el ejército de Isabel II, mientras Narváez era Presidente del Consejo y Ministro de la Guerra.
Sobre la biografía de Juan Carlos (Cádiz, 1967-2019) disponemos de cantidad de publicaciones surgidas antes y tras su prematura muerte, algunas hagiográficas, otras críticas y las menos bastante realistas.
Al autor del primer Capitán Veneno, se le denomina por su nombre propio compuesto –Pedro Antonio- . También es casual que los apellidos de ambos sean dos topónimos: Alarcón (de Córdoba, de Madrid, de Cuenca…) y Aragón. Detalles que no pasan de lo anecdótico. Del autor del siglo XIX se sabe que tuvo una intensa vida que basculó entre diversas ideologías, pues, como muchos de sus personajes, evolucionó desde las ideas liberales y revolucionarias hasta posiciones más tradicionalistas.
El autor del XIX procedía de una familia de hidalgos, con más don que din. Un antepasado lejano de Pedro Antonio, Martín, participó en la conquista de Granada y su abuelo Hernando, que fuera capitán de Carlos V, ostentaba el título de regidor perpetuo (idéntico título honorífico al que ostenta el Nazareno de Santa María, imagen que destaca en el decorado de 2008 como símbolo de Cádiz) pero el abuelo de Alarcón lo fue de la capital de la Alhambra. Con más títulos que dineros, su familia –arruinada por la
Guerra de la Independencia- pudo mandar a Pedro Antonio a la universidad a estudiar Derecho, carrera que abandonó por problemas económicos y para probar suerte como seminarista en Guadix, donde duró poco.
De vuelta a Madrid dirige el semanario “El Látigo” donde emprende una furibunda campaña contra Isabel II y su gobierno. Desde otra publicación de espectro opuesto “El León Español” el escritor venezolano y defensor de la reina, Heriberto García de Quevedo, lo retó a duelo. Alarcón disparó primero y falló, su rival había tirado al aire para perdonarle la vida, algo que hirió la moral de Pedro Antonio quien dejó “El Látigo” y se retiró a Segovia donde el reposo lo convirtió en defensor de la política conservadora y católico practicante.
En la Prensa madrileña publicó crónicas costumbristas y relatos cortos como “El Clavo” antes de dar el salto al teatro con el estreno en 1857 de “El Hijo Prodigo”, que fue censurado. Dos años después, como
voluntario del Batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo, se convirtió en corresponsal de guerra y desde el campo de batalla envió numerosas crónicas, que reunidas luego en un libro se publicaron como “Diario de un Testigo de la Guerra de África”, con gran éxito de público y económico, lo que le permitió viajar a Italia. Allí no compuso “La Serenísima” pero escribió “De Madrid a Nápoles”.
En la capital de España Alarcón se alineó con la Unión Liberal y desde el nuevo periódico que fundó, “La Política”, hizo campaña y resultó elegido diputado por Cádiz. En 1865 se casó con Paulina Contreras Reyes y el mismo año fue desterrado a París. Al regresar a España intervino en la batalla de Alcolea, y tras la Revolución del 68 que destronó a Isabel II, fue nombrado ministro plenipotenciario en Suecia, lo que viene a ser embajador con amplios poderes, puesto que abandonó para ser diputado
por Guadix, lo que le dio ocasión de conocer bien la sierra de Granada y escribir “La Alpujarra” y dos libros más sobre sus viajes por España.
En 1874 publicó su mayor éxito “El Sombrero de Tres Picos”, narración ambientada en Arcos donde cuenta los amores de la molinera y el corregidor, romance que sirvió de base a otras obras de teatro, musicales y ballets, como la suit orquestal que compuso el músico gaditano Manuel de Falla presentada a escena con figurines de Picasso.
En el Carnaval de Cádiz salió un coro en 1957 con el mismo título, “El Sombrero de Tres Picos”, con letra de Francisco García de Quirós, música de Juan Poce Blanco y dirigido por José Montes de Oca que obtuvo, además del primer premio, la distinción al “mejor vestuario”.
Basada en la misma obra en 1973 Paco Alba, que salió llorando del teatro por la actitud del público, sacó la comparsa “Estampas Goyescas”, muy de actualidad entonces pues meses antes Valerio Lazarov realizó en Arcos un musical para TVE protagonizado por Antonio el Bailarín quien durante el rodaje acabó en la cárcel por blasfemia.
En 1875, Alarcón había escrito una de sus novelas más discutidas, una especie de autobiografía en la que desde una perspectiva reaccionaria y moralizante narraba las aventuras amorosas de un joven con una mujer casada, “El Escándalo”, que el granadino destacaba como su favorita en “Historia de mis libros”. En 1880 escribe la tragedia “El Niño de la Bola”. Para entonces ya era miembro de la Real Academia Española, en la que ingresó con un discurso que versó sobre “La Moral en el Arte”.
Sólo publicaría una obra más, “La Pródiga”, una filípica sobre la terribles consecuencias del amor ilícito.
A finales de 1888 sufrió un derrame cerebral que lo dejó hemipléjico. Dos años y medio después, el 19 de julio de 1891, Pedro Antonio de Alarcón murió en Madrid como consecuencia de sus dolencias cerebrales. Tenía 58 años.
La novela “El Capitán Veneno” ha conocido numerosas ediciones bibliográficas, una de las más recientes es de 2020. En el cine, en la versión dirigida por Luis Marquina en 1950, el protagonista fue encarnado por Fernando Fernán Gómez con Sara Monthiel en el papel de la huérfana.
Precisamente su singular gorro inspiró la ilustración de portada de una de las últimas ediciones de la novela, publicada en 2020 por la editorial malagueña Agapea, y se ha convertido en icono para nuevas comparsas, surgidas o no a la sombra de Juan Carlos, y en objeto de provechoso merchandising. Pero sobre éste y otros aspectos de esta comparsa de Juan Carlos trataremos otro día.
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