Una de las frases más conocidas sobre la indiferencia ante situaciones injustas es de Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz 1984:
“Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”.
En Cádiz tenemos un gran problema, el carnaval se nos ha ido de las manos. La mayoría de personas vinculadas a la fiesta no saben gestionar con solvencia su repercusión entre la afición o no tienen la capacidad de cumplir con la obligación moral de cuidar una tradición popular tan gaditana. Entre los “incapaces” no se libra nadie, políticos, gestores públicos, periodistas, y sobre todo autores y componentes.
Buen ejemplo de lo que se expone en esta editorial es lo que ha ocurrido estos días con la vida y obra de Juan Carlos Aragón. En este caso, no ha lugar separar al autor de su obra, cuando puede ser el autor más homenajeado de la historia en tan corto periodo de tiempo desde su fallecimiento y hay peticiones expresas de dos víctimas de sus malos tratos, para que cesen los reconocimientos.
Hay numerosos estudios y artículos sobre como las victimas pueden llegar a no recuperarse jamas de los abusos físicos y psicologicos; y sin embargo, en este caso, el reconocimiento social de la obra carnavalesca del maltratador confeso y condenado jamás se ha puesto en entredicho, más allá de hacer mucho más patente el cinismo del autor, cuestión que parece importar poco a sus fanáticos y fanáticas.
El cinismo en el carnaval existe desde sus orígenes, desde el momento en el que siempre ha habido autores y componentes de agrupaciones, que han escrito o cantado a cuestiones reprobables que en privado practicaban: maltratadores, pederastas, drogo dependencias, puteros… Es infantil idealizar la fiesta pensando que todos los autores o interpretes son honestos con lo que cantan.
Lo más desgarrador en el caso de Juan Carlos Aragón, es la “omertà”, (palabra de origen siciliano), que el grupo de personas más allegadas, han ejercido mientras promovían año tras año desde su fallecimiento el enaltecimiento exacerbado del autor; el silencio cómplice de instituciones públicas como el Ayuntamiento de Cádiz o la desfachatez de lo más “SEÑORO” de la sociedad gaditana, culpando a las feministas de no denunciarlo, cuando son las victimas las que tienen el soberano derecho de hacer públicas las condenas o denuncias, cuando llegan a reunir la suficiente entereza como para afrontar las repercusiones.
El silencio de autores y componentes es atronador por lo vergonzoso que resulta.Es ridículo esperar que llegue el COAC 2027 para soltar un pasodoble, que nadie pueda creerse.
A Lola y Paqui les ha costado 7 años decir ¡Basta ya!. Es de esperar que esto marque un punto de inflexión, para lo que es importante que los homenajes de cualquier tipo, que no dudamos van a seguir promoviéndose, no cuenten con el apoyo de instituciones públicas y es imprescindible que los autores y componentes más relevantes, por la buena imagen de la fiesta, abandonen su aparente indiferencia, y se expresen públicamente contra el maltrato, para que mujeres, que en la actualidad sufren la lacra de la violencia de género por parte de autores o componentes de agrupaciones de carnaval se sientan con fuerzas y rompan su silencio.

