¿Qué postura es esa?
Hubo un tiempo (y todavía puede que siga pasando) en que los, ya no sólo aficionados al
carnaval, sino además a la guitarra, se colaban en los ensayos sin ser invitados cercanas
las fechas del concurso (todavía siguen haciéndolo), y cuando posaban sus ávidos ojos
en las guitarras de acompañamiento, cazaban una postura que aún no conocían. Era en ese
momento, tras acabar el pasodoble o la cuarteta o lo que fuese, cuando le preguntaban al
músico o al mismo guitarra, que a veces coinciden: "¿Qué postura es esa?"
Pero no sólo eran sus ojos los que se maravillaban, sino sus oídos, porque una postura
es, al fin y al cabo, la forma en la que se posicionan los dedos sobre las cuerdas que
vibran sobre el diapasón del mástil de la guitarra para formar un acorde. Y aunque la
vista sea el sentido que más fama tiene a la hora de cazar al vuelo cosas interesantes,
el oído le sigue a la zaga, pues una postura nueva o un acorde desconocido tiene cierto
atractivo sonoro difícil de resistir para el amante de la guitarra. De la vista y del
oído se pasa a la curiosidad... Y de ahí a la pregunta.
Históricamente, siempre ha sido la comparsa la que más creativa se ha mostrado en la
guitarra de acompañamiento, y ya no sólo en ésta, sino en la del punteao. Pero no
hablaremos de la segunda y sí de la primera, pues este artículo de presentación para la
nueva sección dentro de los comentarios de las actuaciones de las agrupaciones del Falla
para el próximo concurso que ya se nos viene encima se centrará en la música. Y la
música, en el Carnaval de Cádiz, es un elemento esencial para llegar a entender incluso
el tipo. Por qué. Sencillamente porque las posturas (como se dicen en Cai), o los acordes
(como los llama el resto del mundo), proporcionan cierto carácter a la música, a la
interpretación de la música. Ya no sólo se trata de afinación, pues la mayoría de los
conjuntos están suficientemente afinados, sino al carácter, que acompaña de manera más
o menos acorde al tipo que se representa. En otras palabras, los caracteres musicales
mejoran o empeoran los caracteres escénicos a interpretar.
Evidentemente, no sólo en la comparsa se experimenta con las posturas, sino en las demás
agrupaciones que hacen de la guitarra su elemento de acompañamiento musical. Y cuando
esto ocurre, que es en la mayoría de las modalidades, a excepción obvia del cuarteto
(aunque a veces, el cuarteto se puede acompañar de guitarra y de hecho hay quien lo
hace), la experimentación en las posturas puede dar mejores, o peores a veces,
resultados. La música, además de melodía, es armonía, y la armonía en su justa medida
siempre es la mejor de las estrategias para convencer al oído del buen aficionado de
carnaval, que es el que no sólo aprecia la excelente afinación de un buen conjunto, sino
los detalles más nimios pero no por ello despreciables de un buen acompañamiento
musical, sin obviar la calidad intrínseca y emocional de una letra.
Aunque no sólo es en la comparsa donde ocurre esta experimentación en la música que
acompaña a las cuerdas de contraltos, tenores, segundas y bajos, alejando por ello los
horizontes de la creatividad, sí es cierto que ha sido en la comparsa donde
históricamente se ha dado más este fenómeno. La comparsa, que no nació en los 60, sino
que ya existía antes de la Guerra Civil, siempre apostó por la sencillez (la sencillez
es un carácter deseable en la escucha de cualquier agrupación carnavalesca, más por
tradición que por razón), al igual que el resto de las agrupaciones. Incluso en los 70,
donde más innovaciones interpretativas y musicales se dieron, los directores se centraron
en la afinación de las distintas voces, dando protagonismo a lo que se conoce como
octavilla y contralto en lo que aparentemente fue en detrimento para la cuerda de tenores.
Sí, digo aparentemente porque acústicamente, que es de lo que en última instancia se
trata, no fue así. De hecho, y como ejemplo, ahí están las comparsas de Antonio Martín
de la década de los 70, donde la cuerda de tenor era todo un alarde de fantasía y
creatividad musical para allanar el camino a las voces más altas, interpretadas por
grandes y famosos virtuosos, como son, por ejemplo y entre otros, el Catalán Grande y el
Catalán Chico. En "Los Golfos", de Luis Ripoll, dirigida por el Catalán Chico,
se siguió la misma estela.
Sin ir más lejos, no hace mucho tiempo, en la década de los 90, las comparsas de Antonio
Martínez Ares siguió esta misma estrategia de favorecer a los octavillas y contraltos
fantaseando con la cuerda de tenores. Pero ahí no quedó la cosa, porque fue a partir de
los 80 y los 90 donde estos acomodos de las distintas voces para lucir unas sobre otras
necesitó de la experimentación en la guitarra de acompañamiento: el pasodoble de
"Zombi", de Antonio Martínez Ares, es un ejemplo de ello, por poner el ejemplo
más cercano, aunque es en "La Ventolera" donde esta tendencia alcanza su
clímax. Y fue también en los 80 donde Pacoli, por ejemplo, jugó con el principio del
pasodoble de "Capricho Andaluz" nada menos que quince años más tarde
experimentando con acordes cercanos a su tono original pero que mejoraban, y mucho, la
audición del conjunto de la antología de Antonio Martín. Como vemos, el posterior
desarrollo de músicas originales, o dicho de otra forma, su actualización en el devenir
de los tiempos, los ha transfigurado de alguna manera dándoles otra carta de naturaleza.
Que guste más o menos a los vanguardistas, por un lado, y a los puristas, por el otro, es
otro cantar.
Además, desde un prisma técnico, hay que decir que un acorde de séptima mayor o de
sexta o de cuarta aumentada o de quinta disminuida, por poner cuatro ejemplos
característicos, utilizado en un momento dado de la composición, embellece la recepción
de las tres cuerdas vocales, dándole un protagonismo mayor a la guitarra que acompaña
más allá del mero acompañamiento musical reforzando las voces. Y, evidentemente, cuando
hablamos de embellecer la sencillez de un pasaje en concreto con cierta sofisticación en
el acompañamiento musical, estamos ganando todos en gusto, tanto el que coloca esa
postura en concreto como el que escucha cómo complementa y ensalza las voces.
Como no sólo de posturas se hablará en esta sección, también se pondrá atención a la
instrumentación, que es parte esencial de la música, y dentro de ella tiene cierto
protagonismo el punteao, o punteo, donde a modo de contrapunto va adornando la melodía de
las distintas voces en el desarrollo de la música. También se hablará de la percusión,
de compases, tiempos y ritmos. Pero he de avisar que, personalmente, por mucha objetividad
que se busque en esto de escribir crónicas, es bien difícil lograrla si es un sujeto el
que escribe, y un sujeto soy, al igual que un sujeto, y no sólo uno, será el que lea,
pondré cierto énfasis en si la música se adecua más o menos al tipo o personaje que se
representa, ya que de no sólo música vive el aficionado de carnaval, sino también de
teatro.
La experimentación o creatividad en la música del carnaval gaditano, no sólo se reduce
a los pasodobles, ya sean de comparsas o chirigotas (ejemplo paradigmático de ello es la
música del pasodoble de "Las Brujas Piti", compuesta por el Noly para el
Carnaval de 1984, donde en un tono de Mi mayor, se experimenta, y mucho en el desarrollo
del mismo, abriendo un horizonte nuevo al pasodoble de chirigota), sino que también se
recrea en las cuartetas de popurrí. Claro está que se sabe que en la chirigota importa
más lo que se cante que como se cante a favor de su mejor o peor efecto humorístico, por
lo que la sencillez musical estará casi siempre por encima de la sofisticación en los
acordes y las voces. En el coro, por otro lado, ha primado más la experimentación
escénica que la estrictamente musical (a excepción de coros como el de Nandi, por
ejemplo, o ese de última hornada que no consigue buenos puestos en el concurso pero que
se preocupa de darle un aire fresco a la interpretación musical en detrimento del éxito
convencional pero a favor de abrir nuevos horizontes interpretativos).
Profundizando, a nadie coge de sorpresa que el coro siempre ha sido la más tradicional de
las agrupaciones carnavalescas, y como detentores de la "verdad" de la
sacrosanta tradición, pues siempre han sido más remisos a la experimentación en el
acompañamiento musical (recuerdo ahora un ejemplo de ello en el que creatividad, éxito y
sencillez se dieron amigablemente la mano: "La Banda Municipal", que consiguió
un merecido premio en el carnaval de 1984 por su riesgo e innovación, con música de un
músico de pro como es Eduardo Bablé).
Volviendo a la comparsa, no me resisto de, al menos, mencionar un músico de comparsas que
sigue siendo, al menos para unos pocos en los que me incluyo, uno de los músicos más
embelesadores y creativos del carnaval gaditano: Pepe Martínez, que desde la humildad y
sencillez personal que les caracteriza, su genio musical nos ha deleitado y,
afortunadamente, seguirá haciéndolo en carnavales venideros, o eso esperamos.
Por otra parte, no se trata en este artículo de hacer una apología de la creatividad y
la experimentación en detrimento de la sencillez, aunque parezca lo contrario. Más bien,
se trata de situarnos en un contexto histórico en el que no sólo cambiaron las cosas, ya
no sólo en Cádiz y el resto del país en cuanto a sociedad, cultura y política, sino
que la expresión más libre y genuina de los gaditanos también se contagió de las
innovaciones musicales interpretativas. Y siguiendo esta línea, se importaron
innovaciones armónicas del flamenco de Paco de Lucía o, recientemente, de Vicente Amigo.
Y no sólo aquí quedó la cosa, pues se sabe que muchos de los músicos del Carnaval de
Cádiz son grandes oyentes de grandes cantautores, sobre todo latinoamericanos, como puede
ser, por ejemplo, Silvio Rodríguez, que se acompaña de una manera muy creativa e
imaginativa cuando canta. Otros, más curiosos y rebuscadores, han tomado ejemplo de la
creatividad en la música de acompañamiento de la bossa nova brasileña, en la que los
músicos son maestros en la experimentación armónica, además de rítmica. Retomando el
principio de este párrafo, repito que no es este artículo apología de la creatividad,
pues muchas veces los oídos gaditanos (y no gaditanos) se han deleitado, y mucho, con la
sencillez de un tango, un pasodoble o una cuarteta. Que no por creativa, la cosa puede
resultar mejor. Hay mucha sencillez, ya no sólo en la composición, sino en la
interpretación de muchísimas coplas de carnaval, y ha sido esa sencillez la que ha
deleitado con suficiencia exquisitos paladares aficionados. Pero, de vez en cuando, no
viene mal cierto riesgo, ya no sólo compositivo, sino interpretativo, ¿verdad?
Espero que todos vosotros gustéis de esta sección dentro de los comentarios de las
actuaciones del concurso del Carnaval 2008. Mis comentarios musicales los efectuaré
desde la atención más auditiva posible y escribiré sobre ello desde la humildad que da
la experiencia musical y carnavalesca que no se trasciende a sí misma y se convierte en
otra cosa más allá de lo meramente artístico, lúdico, estético, musical y
carnavalesco. Obviamente, soy un aficionado de carnaval más y fui un músico de carnaval
más al que le permiten escribir sobre ello. Disfrutemos todos de las agrupaciones del
Carnaval 2008. Ya lo que se hable o escriba sobre ellas será, en algunos casos, como
guindas al pastel, y en otros, como tartazos en la cara.
Juan Pinto