Carnaval de Cadiz

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Todo por la Patria... Aunque sea chica


Y mira que a mí siempre me había dicho que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad… Será que el niño ya no es tan niño, o que la borracha soy yo y veo las letras doble, que no dobles, sino con doble sentido.


Ya que este año está tan de moda eso de guerrear en el concurso (por el momento, son ya cinco agrupaciones las que se han presentado ataviadas para emprender una lucha), pues aprovecho la metáfora, a ver que tal libro la batalla y, sobre todo, a ver si llego a donde quiero. Porque como bien decías, una cosa es la intención y otra llegar, pero para arribar donde pretendemos, el que escucha tiene que estar abierto, y no encerrado en una catacumba montándose la guerra en su propia mente.


Que digo yo, que cuando te enfrentas al enemigo, más vale que vengan a gritarte ánimos, aunque eso retrase tu salida, que a chiflar antes de haber enseñado la cara al que te espera. Hay quien ni en veinte años de batalla consigue tener sello propio, sólo colgarse medallas y ganarse más enemigos que los que tenía cuando era soldado raso. Dos años capitaneando la pelea quizás no sean suficientes tampoco, pero antes que capitán, se es mandado, y entre las filas es donde mejor se aprende. Sorprenden tus tiros, y más sabiendo que a quien apuntas hoy con tu escopeta de comentarios, ha aprendido parte de su formación con quien, para ti, más que capitán debería ser coronel. Y más aún, que usando las mismas armas, estés en contra de la batalla del joven y en pro de la del mayor.


Cuando se es un caballero de verdad, se reconoce lo que hay, las carencias de tus armas, de tus soldados, de cómo apuntan y cómo disparan; y eso no te lo da ni la experiencia ni la edad, sino la lealtad con uno mismo, el coraje y el valor de ser hombre para enfrentarte a cara descubierta a un escuadrón que, pese a quien le pese, es el que siempre gana la batalla, pues en sus manos y bocas tienen la victoria o la derrota para todo el que se afrenta desde detrás de la gran cortina roja.


Con lo que no puedo es que después pongamos voz en grito diciendo que la juventud, la CANTERA guerrillera ya no es lo que era hace unos años… Nada lo es. Abre los ojos bien y mira a tu alrededor. El mundo no se para cuando uno se retira del campo del batalla y mira el conflicto de otros desde lejos… El mundo sigue, evoluciona, y esos jóvenes soldados no son lo que fueron, ni jamás lo serán. Puede haber semejanzas, pero las cosas sólo pasan una vez, y si la época dorada de la batalla para ti fue hace veinte años, para otros será ahora, o dentro de otros veinte, porque cada cual lo vive como le toca vivirlo, con sus enemigos particulares y las condiciones que todo lo rodean.


No me extraña que los pelotones de batalla se estén quedando sin quienes peleen… Es normal si en vez de fusiles les damos un tirachinas con la gomilla al revés, para que cuando lancen la piedra les choque en la cara. Es difícil levantarse y luchar como tú mismo pides, si no te da tiempo ni de abrocharte las botas cuando ya te han apaleado…


Que ya no son tan niños, y más de una herida se tienen que llevar, sí, eso lo sabemos todos. Pero lo que no veo bien es que, después de atravesarlos con una espada oxidada por el tiempo de no ser usada en una batalla donde tus aliados pelean al mismo nivel, hagas mella en la herida sin dejarla sanar. Eso sí que no es de buen combatiente.


Las contradicciones siempre existieron y ya se sabe que cada cual tira para el bando que más le conviene, pero yo, que estaría dentro de ese pueblo llano que se ve en medio del conflicto sin saber qué hacer, que no entiende por qué se enfrentan gentes que conoces y sabes cómo son, pues yo me atrevería a dar un consejo a ese jefe de los jefes que aquí tiene el arma de destrucción masiva contra los jóvenes que están defendiendo su patria: cuidado con luchar en casa, porque pese a salir victorioso y sin un rasguño, puede que quienes te rodeaban ya no estén, y todo por lo que has luchado haya quedado destruido durante la pelea.


Y como diría Aragón, aunque no entienda la gente, tú lo has entendido. Esto no es ni mucho menos una declaración guerra, sino una queja al que lleva la bandera por el momento, que aunque piense como si tuviese una década, razona y pseudo-habla como todo un hombre experimentado, como un verdadero veterano de guerra.


Y a esos quince o dieciséis patriotas y a su capitán, que han tenido un duro entrenamiento, les pido que no se rindan, que al final el pueblo es el que reconoce la victoria. Se pueden perder mil batallas, pero algún día, se ganará la guerra.


Asley


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