Carnaval de Cadiz

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Se creen reinas…


…Y no llegan ni a princesa. Ni siquiera a infantas. Como mucho doncellas o, mejor aún, plebeyas en pleno siglo veintiuno. Eso es lo que se ha pensado más de un pueblerino y pueblerina aficionados a juntar letras y clavarlas en las puertas de los tablones de la capital, para que sepa la gente. Cual mandato del soberano Carnal, se nota que la mujer sigue siendo crucificada haga lo que haga en este pequeño gran mundillo que es el Carnaval, y más si detrás de su voz está un hombre.


Curioso ver como los antiguos proverbios, ya sentenciados en la época latina, siguen cumpliéndose a rajatabla varios siglos después: “homo homini lupus est”, ¿y qué dejamos para la mujer? Si ya la figura femenina se corrompe con el simple hecho de alzar la voz en el Carnaval, que vengan cazadores a hacer carroña de ella, es para desear que en vez de plumas envenenadas lancen algún boomerang y con suerte a la vuelta les de un golpecito en la cabeza a ver si les recoloca las neuronas y le desatasca el conducto auditivo (amén de removerle el sentido de la educación).


El mayor machismo que puede sufrir una mujer es el que se impone ella misma, cuando se critica que cante letras sobre temas “femeninos” escritas por un hombre. ¿Y si fuese al revés? ¿Por qué nunca se ha criticado a autoras como Adela del Moral cuando ponía sus obras en boca de más de una veintena de hombres?


Y si le sumas el hecho de innovar en cuanto a música y puesta en escena, da gracias que no existan la Inquisición ni el garrote, porque estas reinas hubiesen acabado cual María Antonieta, decapitadas y sin tiempo a decir esta copla es mía. Quizás sea que estos pseudo-eruditos en esto del Carnaval quieren continuar con la cacicada reglamentaria y acotar también el estilo y temática de lo que se canta, controlando así que hasta las críticas sigan un patrón y una línea que no se salga de lo “políticamente” correcto. Eso sí, cuando vienen los soberanos de Aragón, desde el Palacio del Pardo, desde Rivera del Duero, de cerca de la Vera…, viene el Marqués de Mateo y algún que otro viejo conocido, recita el mismo pregón y aquí se aplaude, se toma nota y se publica en papel del bueno, para dejar constancia de lo predicado. Todo ello son simples ejemplos de la diferencia abismal que existe entre la voz de un hombre y una mujer, en ningún momento pretendo juzgar ni quitar mérito a cada una de las sentencias dictadas contra aquél que desprestigió a los andaluces, ya que deberían declararse decreto real cada una de ellas.


¿Y la música…? Ahí es otra… ¿En que artículo “constitucional” del COAC pone el estilo musical que debe imperar en una comparsa? Pop, rock, folk, blues, jazz, r&b, hip-hop…; son innumerables ejemplos de los tipos de sones que pueden darse en las agrupaciones desde su creación. Que yo recuerde se exige originalidad en los repertorios, y para las pocas veces que se dan en presentaciones o popurrí, ¡pum!, rechazo y crítica por parecer una cancioncita pop para quinceañeras. Yo prefiero el reciclaje de canciones así que de comentarios vendidos al mejor chupatintas que sepa transformarlos.


Si de ocho minutos de composición (por ir terminando), se retiene en la memoria una cuarteta en la que “alguien” habla de temas amorosos y se olvida de la crítica, de la temática que a través de metáforas de tipo retratan problemas más sociales e, incluso, dan hueco a algún que otro piropo, quizás sea porque la atención de quien escucha sólo oye lo que quiere, o intenta identificarse con alguna parte de esa letra y es en esas frases donde encuentra su reflejo. Si es así, los psicólogos no son tan caros.


Por último, dejo una reflexión con una pregunta en el aire, que cada uno piense lo que quiera. Cuando alguien escucha una pieza musical cualquiera, no se para a pensar si la creó un hombre o una mujer; si me apuras, ni siquiera en quién la interpreta, y mucho menos en el sexo de a quién va dirigida…, todos las transformamos en cuanto a nuestra situación, nuestras necesidades, para que reflejen nuestra realidad. Entonces, si el sufrimiento es el mismo, el lamento es igual, la crítica no varía, el piropo no cambia, el mensaje no cambia de melodía ni acordes, el respeto prevalece por encima de lo cantado… ¿qué más da que salga de la mente de un hombre y le ponga voz una mujer?


Asley


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