Carnaval de Cadiz

Cómo vemos...


Don Carnal, Don Carnal… No me dejan crecer


Me alegra que en la noche de ayer una de las agrupaciones que tuvieron la “suerte” de ser las últimas de estas Preliminares de 2011, trajese sobre las tablas a esos niños que no quieren crecer, a los eternos niños grandes que se resignan a convertirse en adultos. Ello me ayuda a poner la contraposición carnavalesca, más real que de ensueño, que sucede cuando los “pequeños” sí que quieren crecer, sí quieren “ser adultos”.


Se veía venir que estas nuevas ideas de reglamento (cosa a la que haré referencia muy por encima, porque daría para más de un artículo), que ya dejaban a más de un grupo habitual a las puertas de Cai, sin ni siquiera cruzar la frontera comarcal del COAC, hiciera lo propio al dar el número fijo de grupos que pasan a los siguientes cortes de Concurso y la ventaja de puntos en las composiciones más genuinas de cada una de las modalidades (llevándose la palma los coros, que aventajan en tres puntos a las comparsas y en casi siete a chirigotas). Pero lo dicho, temas reglamentarios aparte, la realidad a la que quiero hacer mención es otra.


El Concurso se divide de muchas formas, pero en lo que a edad se refiere, tenemos la Cantera y los Adultos, y dentro de esta primera parte, a Infantiles y Juveniles. Los entresijos de estos últimos, las idas y venidas en la pelea por buscarse un hueco como se merecen en esta fiesta, también daría para varios artículos, así que nada, a lo que vamos, el “saltito” que hay que dar al cumplir los dieciocho.


Aún me hierve la sangre, y cada vez me callo menos, cuando hay gente que se sorprende al ver que los niños y niñas de hoy en día ya no se reúnen en las plazoletas a cantar coplas como antaño, ni muestran mucho interés por la bien sabida Escuela del Carnaval que, pese a que sigue funcionando, ahí está, en un segundo plano, pasando con más pena que gloria para subsistir en esta gran fiesta gaditana. ¿Es que nadie toma conciencia de que, desde pequeños, se hace lo posible para presentarles la categoría adulta como “el coco”?, ¿nadie ve que, para más inri, cada vez que una agrupación de la Cantera da el salto a Adultos, se les mira con lupa todo mil veces más que al resto y cargan eternamente con el San Benito de que son muy jóvenes y les queda mucho que aprender?


Hay ejemplos múltiples de estos casos, de que cada vez que un grupo joven intenta asomar la cabeza por la categoría adulta, se le da un “babuchaso en toa la cara” para que mejoren al año siguiente. No critico que, en ocasiones, esto no sea lo correcto; pero cuando un grupo se supera, mejora y trabaja año tras año para conseguir dar un pasito más en el Concurso y lucha como el que más por un puesto, desgana a cualquiera que COAC tras COAC te dejen con la miel en los labios y vuelvan a oírse las mismas excusas de siempre: inexperiencia, demasiado jóvenes, los nombres, “las grandes”… Con el tema de las veteranas, que eso sí que es irrisorio, es donde se les termina de ver (y en muchos casos de ir al dar los puntos) la pluma a más de uno. Resulta que, por una parte, se supone que, fundamentalmente, el COAC es un concurso de repertorios. Vale, hasta ahí, todos de acuerdo. Muchos hablan de que ya están cansados del piropito gaditano, viñero o a la mujer, de que tocar el tema de que pena la muerte de tal o cual, el drama de cualquier ser humano, la alcaldesa perpetua de la ciudad o el Cádiz espabila que te comen los grandes, es ya algo más que pesado. Bueno, pues para cuatro gatos que se rebelan y cantan algo “diferente”, que pelean por su futuro y hacen crítica sobre las tablas, se les toma por auténticos necios y se les “castiga” sin pase porque esas letrillas son demasiado políticas, o peleonas, o “x”…


Ahora, el tema de las innovaciones. Ésa es otra buena. Antes que nada, aclarar que no pretendo desmerecer el trabajo de ninguno de los autores o grupos que serán mencionados, pero por todos son conocidos como personas consagradas de esta fiesta y son un gran ejemplo para ilustrar lo que quiero decir. En este carnaval, revolucionario y proclamador del mayor abanico de las libertades, aún se mira con recelo a todos aquellos grupos que intentan poner una nota de innovación en sus repertorios, puestas en escenas o maneras de concebir el Carnaval. Pero eso sí, si quien “cambia de aires” es uno de los de arriba, la cosa no se mira tan “malamente”. Ejemplo práctico: mil veces se oye el comentario de que una agrupación siempre trae lo mismo, siempre suena igual…; sale Bienvenido con su “revolución comparsil” en música y tipo, o Tino con esa puesta en escena de hombre de Cromagnon, o incluso Antonio Martín con su inesperado giro a la ficción inspirada en Tim Burton este mismo año y claro..., no pasa nada. En este caso, aunque se les critique no se les lincha. Por suerte, hay algunos que, como es el caso de los coros de Valdés (ahora de Felipe Marín) o el de Luís Rivero, promueven un cambio en su modalidad y cuentan con el apoyo y el triunfo, aunque también les cuesta su trabajito. Pero si este cambio lo trae la savia nueva…, la cosa es bien distinta.


Parece que aquellos que se resignan a dar un hueco a los nuevos autores, a las nuevas promesas, nunca oyeron eso que a mí me enseñaron desde pequeñita “para llegar a ser grande, primero hay que aprender a ser pequeño”. Señores, los “grandes nombres” que están ahí arribita hoy en día, tuvieron su momento de anonimato, sus años de lucha por labrarse una currículum y una trayectoria que hoy por hoy los encumbra, y una serie de triunfos que, con esfuerzo y trabajo, les fueron reconocidos (como debe ser, aunque algunos tengan menos de lo que merecen). Pero, si a diferencia de antes, ahora no se deja que los nuevos empiecen a hacerse un hueco, clara la llevamos.


Parece un complot de rufianes este pseudo-puretismo carnavalero que sufren la mayoría de los que, intentando dan continuidad a la fiesta, se encuentran con un nuevo disgusto cada año cuando llega carnaval. Todos, haciendo algo de autocrítica, somos conscientes de nuestras limitaciones, pero hay cosas inexplicables. Si tuviésemos un poquito de vista, no hay que tener mucha inteligencia para deducir que, por desgracia, tarde o temprano todos terminamos pasando al otro barrio, incluidos esos grandes de la fiesta que están ahora ahí. Lo que parece ser que nadie se da cuenta es que, para cuando esto suceda, a ver quienes son los que han aguantado el linchamiento continuo y han sobrevivido en el COAC, porque a este paso, más de uno tira la toalla y la fiesta se verá sin esa nueva remesa de “grandes nombres” que se han ido engrandeciendo poco a poco y que, a su vez, le dan notoriedad a esta competición. A ver que harán cuando, como cantaba ayer mismo el coro ‘Paraos y colgaos pero con arte por tos laos’, “les explote el concurso en las manos”.


Pues nada, sigamos limitando las lindes de este COAC tanto para la juventud como para los de fuera, a ver cuánto nos dura la fiesta… Será que como dicen en la calle, al fin y al cabo el Concurso es la opinión y el querer de cuatro o cinco, el gusto de los que están ahí, y ya se sabe: pa gusto… los colores.


Asley


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