Carnaval de Cadiz

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Cuando lo legal sale a la calle…(Parte 2)


Y llegó el domingo de carruseles… He de decir que el sábado a mediodía se celebró un carrusel en Segunda Aguada, que según me cuentan mejora por años pero, como suelo hacer, me abstengo de opinar sobre acontecimientos en los que no estuve presente. Volvemos a los carruseles de domingo y lunes. Este año, como novedad, se incorporaba un nuevo itinerario: Candelaria-Hospital de Mujeres. Ello supone ampliar el radio de calles recorridas por las bateas en dirección al barrio de La Viña, cuna tradicional del carnaval. Como iniciativa, es de agradecer desde el punto de vista de quienes nos paramos a escuchar coplas por las calles, dado que este novedoso itinerario “descongestiona” la zona centro y facilita la posibilidad de disfrutar de las ilegales entre las calles que separan los diferentes recorridos. Si, como yo, usted se mueve más que un papelillo con el levante y no para de callejear e ir de un carrusel para otro, además de bajar los kilitos de la cerveza y el bocata, estoy segura que le dio tiempo de ver casi todos los coros que partieron de Candelaria. Y afirmo eso porque, sobre todo el lunes, el atravesar la calle Montañés fue cuanto menos “duradero”.


Y es que, tal vez, la idea de que dos carruseles partan de la misma plaza, salgan por la misma calle y separen sus caminos en la Plaza del Palillero, no ha sido lo más acertado. En ambos días, pudimos ver cómo todos los coros salían entre coplas por Montañés y justo en la esquina de entrada al Palillero detenían las bateas para interpretar tangos y cuplés. Hombre, lo bueno es que si conseguías una buena posición entre el puesto de buñuelos y la farmacia del Love, el edificio del Santander te quitaba el sol, y a partir de ahí a disfrutar de un sin fin de horas a base de bandurrias, laúdes, guitarras y buenas voces (en su mayoría). Ahora, en mi humilde opinión, tuve la sensación de que los coros se “entorpecían o molestaban” unos a otros, ya que el último coro que se dirigía a Plaza Mina el lunes comenzó a subir hacia la calle Ancha a eso de las seis y media de la tarde. ¿Y dónde está el problema?, se preguntarán muchos. Pues les respondo: en que el Palillero acogía a partir de las siete de la tarde las actuaciones del circuito de agrupaciones que tanto éxito tiene. Es decir, que un poquito más y termina el coro por subir a las tablas.


Recuperando el tema de “molestar”, me explico antes de que alguien ponga el grito en el cielo con mi expresión: vengo a referirme a que, teniendo la Plaza de Candelaria dos salidas dirección oeste, no entiendo por qué todos los coros parten del mismo punto si se dirigen a lugares distintos. El principal inconveniente de esta situación es que, un coro que se encamina hacia Columela para llegar a la popular Plaza de las Flores, tiene que esperar que el coro (o los coros) que lleva por delante se adentre en el Palillero para poder continuar su camino. Esto también provoca una cierta incertidumbre en el aficionado que está expectante de oír las coplas ya que, hasta que no llegan a ese punto, nadie sabe hacia dónde se dirige cada agrupación. Recuerdo que tanto el domingo como el lunes, la gente que tenía alrededor jugaba a “apostar” hacia qué calle se tornaría el tractor que tiraba de la batea. Como digo, lo peor de esta novedosa iniciativa es el retardo que provoca en los propios coros y, sobre todo, en su recorrido, la salida masiva por la misma calle. Solución: que el próximo año los que se dirijan hacia Hospital de Mujeres opten por salir de Candelaria por la paralela a Montañés, incluso desembocan más rectos en la Plaza Topete.


Otra de las notas positivas de este “doble” carrusel es la presencia del coro a pie “El maravilloso mundo de Cadilandia”. Es muy agradable ver cómo en la esquina de la citada bifurcación, se van sucediendo y cediendo los turnos entre este coro y los que llegan en batea, disfrutar del “pique de coplas” que crean y sobre todo, la demostración de que, para muchos, la rivalidad que pueda existir queda de las puertas del Falla para dentro.


Buena cosa también es la rotación de la mayoría de los coros, es decir, que gran parte de los que partieron el domingo de Candelaria, lo hacían veinticuatro horas después de Mina. Chapó por esa costumbre que beneficia a los afiliados a un recorrido concreto.


Y es esa plaza desde donde marcha el otro carrusel, con dirección Plaza San Juan de Dios (excepto el coro de los Pastrana y Zamora, que culmina su camino en la conocida Plaza del Cañón). En este caso, poco que “criticar” a este recorrido, quizás que sea el único que cubre la televisión, ya que aún no he visto ni un seguimiento a los que salen de Candelaria. Cuenta en su favor el hecho de que recorra las plazas y calles más transitadas en esas fechas (Mina, San Francisco, Nueva), y las múltiples perpendiculares que atraviesan su camino ayudan a la hora de “buscar” a un coro determinado de los que están en ese carrusel o, simplemente, encontrar más carnaval por los alrededores.


Bien es cierto que este año he podido comprobar en primera persona como, una vez llegado el lunes, el porcentaje de “voces quemadas” en el plano corista rozaba un porcentaje bajo, y eso que a la modalidad se le ha dado un poco más de “trabajo” que en carnavales pasados (concursos, peñas, etc.).


Mención especial (y aprovecho una vez más para transmitir mi enhorabuena) al carrusel organizado por la asociación de coristas El Cañón y la AVV del barrio del Mentidero. Pese a que la mañana amaneció con amenaza de “aguar la fiesta” (y nunca mejor dicho), tan sólo unas leves gotas a la mitad del recorrido calaron un poco en la Plaza del Mentidero, que en el mediodía del sábado de carnaval (primero para algunos, segundo para otros, pero sábado al fin y al cabo) se vio llena de vida gracias al público que atrajo los tangos de “Los celtas largos y con boquilla”, “Los del Nuevo Mundo”, “El maravilloso mundo de Cadilandia”, “Martes de Carnaval” y “Los Cañamaque”. Buen ambiente en el estreno de este carrusel que ojalá repita el logro de este año en 2010 y nos vuelva a regalar un espectáculo de tal nivel en la víspera del Domingo de Piñata. A resaltar las cuatro incansables horas de coplas que ofrecieron los citados coros mientras daban hasta dos vueltas alrededor de la plaza, e indescriptible el “pique” final a tangos y cuplés de los coros de Sevilla Pecci y Faly Pastrana… Sencillamente carnaval en estado puro.


En cuanto al tema afición, pues como siempre, un poco de todo: entre los que van a disfrutar, escuchar coplas y pasar un buen día de carrusel (presumiblemente la mayoría), se cuelan los “derrotistas” que pretenden prolongar las “rivalidades insanas” del COAC en la calle, molestando a los coros con gritos diversos en calidad de desmerecimiento o infravaloración del grupo o, simplemente, “coreando” letras de otras agrupaciones mientras se interpreta. Nada, “graciosillos” los hay en todas partes, oiga. A eso se añade, aunque de manera más ‘light’ que en días anteriores, los típicos vasos/botellas/orillos que se esparcen por las calles… Otro apunte para quien corresponda: la mayor parte de la gente no es sucia, el problema es la escasez de papeleras (aunque serían más efectivos contenedores) por el casco antiguo. Haberlas, las hay, pero resultan insuficientes debida a su reducida capacidad, que termina por colmar los desperdicios y empezar a ensuciar la calle.


El Domingo de Piñata de nuevo tres carruseles para llenar las calles gaditanas, pero fue la lluvia la que inundó las vías de la ciudad, y empapó a más de un corista.


En conclusión, un aprobado que roza el notable le daría a la organización de los carruseles en los diferentes días de carnaval, aunque anotaría con rojo llamativo el apunte de una “salida alternativa” para el carrusel que se encamina a Hospital de Mujeres.


Al final, se extendió el artículo más de lo que pensaba, y se comprimió la crítica, por lo que los tablaos se quedan para la tercera entrega (que prometo que será la última).


Asley


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