Carnaval de Cadiz

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Chiri-pocas


La chirigota es diferente, no digo que mejor, sino diferente... No por su antigüedad, tampoco por su idiosincrasia, que casi considero esencial de la fiesta gaditana, sino por la actitud que manifiesta cada certamen. Una actitud de ejemplo al de compromiso de la amistad, al grupo y a la unión, que la dignifica mucho más que a ninguna modalidad. Pero no sólo se basa en este espíritu de vínculo que la caracteriza, sino en la forma de hacer carnaval, tan sencilla como inmensamente compleja pudiera resultar a los ojos de los que no son ignorantes y meros aficionados.


Criticar ingeniosamente creando risas es cosa de chirigotas, sin necesidad de recurrir al insulto, creando la manera de invocar al entusiasmo de los espectadores por medio de tipos personales y cotidianos, disfrazándose bajo ellos la amistad, año tras año y lo que es trascendental, destacar por sus pasodobles y no precisamente con una connotación melodramática, que en un concurso suponen muchos puntos. Hacer reír, nunca fue cometido fácil en tiempos de penas y crisis. Con resignación o sin ella, me voy percatando de la carencia de la esencia pura de la chirigota.


Ironía, doble sentido y sarcasmo por un tubo. Satirizar sin quedar con nadie mal. No haber perdido nunca el buen sentido del humor, más inteligente de lo que muchos puedan pensar, y más difícil que sacar tres coros en un mismo año. Y digo difícil porque, hacer reír siempre supuso más esfuerzo que lo contrario, que sería llorar, sí, es cierto, que se ha dramatizado la fiesta de la alegría de los gaditanos. Sí es verdad que se han inventado un nuevo matiz morboso que acrecienta la curiosidad de quienes terminan creyéndosela. Somos criaturas tan tornadizas que llegamos a experimentar sentimientos que nos inventamos. Y eso es lo que me preocupa del carnaval: el cinismo de alguna de sus letras, la tragedia exacerbada, y el vacío de la risa.


Echo de menos a la verdadera, real y auténtica Chirigota, al alma del carnaval, a la gracia derramando compases viñeros en venas abiertas, a los nudillos rotos en mostradores con voces de la alegría. Más por eso hoy se lo agradezco a quienes la están salvando, a esos escasos rapsodas del humor como es José Luis García Cossío, aunque hoy echo en falta a un tipo muy surrealista, José Guerrero Roldán, “Yuyu”.


Insisto, donemos sonrisas por febrero.


Ana Belén González Jurado


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