¡Hola!, amigos: En realidad no sé si todavía estáis ahí, pero voy a imaginarme que sí, que tengo, por lo menos, a dos o tres aprendices de letristas esperando a que este humilde aficionado le de una pequeña orientación de cuáles son los temas que más se prestan a ser transformados en pasodobles o tangos.
Algunas veces creo que todo lo que hago cae en un pozo sin cubo y sin bomba de extracción, de modo que nunca vuelve a salir a la luz una vez depositado en el fondo; pero después caigo en que pensar esas cosas no conduce a nada porque el que escribe un texto y lo publica, no sabe si va a ser leído o no; y no por eso va a dejar de escribir. Así que voy a quitarme las tonterías del coco y voy a pensar en que hay un montón de amigos esperando temas para desarrollar.
Ya ha pasado la que llaman algunos la Semana Mayor; con un día de menos, por mor de la lluvia, pero el resto de los días ha sido satisfactorio aunque el jueves nos quedáramos sin ver el escudo del “Imperio hacia el sol” que lleva en su frontal el paso de Afligidos; ese pollo imperial que Franco colocó de forma indeleble en las mentes de muchos que todavía creen que los símbolos del antiguo régimen pudieron generar obras de arte. Un escudo que degrada a quien lo porta pero que cada Jueves Santo es paseado con orgullo por aquéllos que no ven en su barniz la sangre del millón de muertos que generó aquél golpe de estado contra las libertades.
Hemos podido ver, un año más, con el fervor con que la gente se tira a la calle; me refiero al fervor al vino, la cerveza y las tapas; porque los bares siempre han estado llenos. Creerse otra cosa es de ingenuos porque la mayoría de los capillitas es aficionada a una imagen determinada como se es aficionado a un equipo de fútbol; la prueba está en que a las demás las miran como a competidoras; y una vez que su Cristo o su Virgen ha desfilado, ya lo demás importa poco. De hecho, la procesión del Resucitado la ve poca gente en comparación con la cantidad de personas que ven desfilar a cristos muertos y maltratados. El verdadero sentido de la Pasión, que es el triunfo de la Vida sobre la Muerte, no le importa a nadie; y en la mayoría de los pueblos sueltan toros posiblemente para ver si puede haber más muertos.
Se me va el santo al Cielo, como siempre, y no os doy el tema de pasodoble. Pero voy a hacer unas preguntas que pudieran servir para tal fin:
¿Por qué la gente, en Semana Santa, no mea tanto en la calle? ¿Por qué corta el tráfico el Ayuntamiento y en Carnaval no? ¿Por qué, si se suspenden un día las procesiones, los abonados no reclaman el dinero de la silla como con la cabalgata?
Que os sean provechosas y un saludo.
Jorgue Ruiz de Bustamante
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