Cada vez que se habla de la Memoria Histórica se lía un “pitote”.
Esta vez ha sido a cuenta de la decisión del juez Garzón de obligar a los responsables de las parroquias y alcaldes de algunos pueblos a elaborar listados de personas que hubieran sido fusiladas durante la guerra que siguió al golpe de estado. De modo que un día sí y otro también, vemos Cartas al Director en las que se pide que olvidemos esa cuestión y recomendándonos que no abramos viejas heridas.
En principio hay que decir que la única manera que hubo de llegar a un consenso sin molestar a las momias de la derecha, fue tragar por algunas imposiciones; y una de ellas, además de tragar por el mismo himno y la misma bandera, fue el hacer un borrón y cuenta nueva. Llegar al acuerdo de no represaliar a nadie y perdonar los crímenes de ante, de durante y de después de la guerra. Pero ya han pasado treinta años de aquello y va siendo hora de que los españoles dañados puedan rendir homenaje a sus muertos sin hacer caso a los que se oponen; que lo único que pretenden es engañar a los jóvenes distorsionándoles la Historia.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el gobierno del año 33 había salido de las urnas; equivocado o no, en las siguientes elecciones se le hubiera castigado.
Dicen que durante el tiempo que duró éste, se cometieron muchos desmanes; pero hay que tener en cuenta que no hay situación, por grave que sea, que justifique una guerra entre hermanos ¿Sería legal que el Gobierno declarara la guerra al País vasco porque un grupo de allí esté cometiendo crímenes?: todo se puede combatir dentro de la legalidad. Pero es que, además, una vez terminada la guerra, ellos siguieron fusilando, subyugando y reprimiendo durante un período que duró cuarenta años en el que sólo pudo medio vivir los adeptos a un régimen que gobernó con la pistola en una mano y la Cruz en la otra: la Iglesia nos domeñaba todo lo que podía desde el púlpito, y la Policía y el Ejército se cuidaban de que nadie dijera (siquiera a media voz) que estaba harto.
Durante ese tiempo oscuro y maldito, ellos se cuidaron de honrar a todos sus muertos colocando cruces de los caídos por todos los pueblos de España (por cierto, todavía quedan algunas) y dedicándoles misas, plegarias y panegíricos. Nosotros nunca pudimos hacer eso (mi madre no encontró a su hermano, ni vivo ni muerto).
Y como no tienen argumentos para impedir lo inevitable, siempre recurren a la misma idea: “No debemos abrir viejas heridas”. Pobrecitos; no sé a qué heridas se referirán. En todo caso, ellos no tienen heridas de ningún tipo; ellos ganaron la Guerra y vivieron bien en el bando de los dominadores Las heridas las tendremos nosotros que fuimos los reprimidos y los que no encontramos a nuestros familiares muertos. Luego si las heridas son nuestras, nuestro es el derecho a abrirlas cuando nos diera la gana.
Ahora bien; hay algo a lo que ellos temen: cada fusilamiento debe ir acompañado de una orden y una firma; y eso es lo que ellos no quieren: que aparezcan los nombres de los suyos entre los asesinos. Salud
Y ahora un temita gaditano para un pasodoble o tango: ¿Por qué tenemos que soportar a gente de fuera para que nos de el pregón? ¿Es que entre los carnavaleros no hay arte suficiente? Ahí está el Juanelo, por ejemplo.
Jorgue Ruiz de Bustamante
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