Escucho a diario el programa de deportes (de fútbol, claro) que dirige Teo Vargas en la SER a las tres de la tarde. Por si alguien no lo sabe, en dicho programa se realiza, cada martes, una tertulia desde un restaurante gaditano en la que se debate sobre el Cádiz. Pues bien, este martes, asistían a dicha tertulia Súper-Paco (portero mítico del Cádiz) Matías Pavoni (Ex jugador del equipo nuestro) y Carlos Cariño (periodista); amén del susodicho Vargas y J. Ignacio de la Varga, un chaval punterito.
La tertulia se estaba desarrollando con la normalidad, rutina y tedio que se desarrolla cada martes; es decir, que volvimos a escuchar a Teo decir que ya llevan dieciocho años, que el balón es el único honrado en un partido, que en el fútbol de ahora hasta los niños tienen representantes y que el fútbol de “antes” era mejor (nunca dice antes de qué ni de cuando). Hasta que se percató de que en una mesa cercana almorzaba Boris Izaguirre. Teo le hizo varias preguntas a las que el escritor contestó con la mayor amabilidad. Cuando el locutor lo despidió, cada miembro de la Tertulia hizo su comentario y Súper-Paco dijo: “Yo me he retirado lo más posible, por si acaso”; ocurrencia que fue reída por todos los comensales (sobre todo por Teo); y yo dije: ¡ole ahí los tíos machotes! Claro, coño: a los maricones, si no nos permite este gobierno mariposón que los matemos, por lo menos hay que mantenerlos a raya. Ya es una ignominia que en los restaurantes no dejen entrar a los perros de los ciegos y en cambio dejen que estos tipos se mezclen con las personas normales; pero si en esos locales no hay un lugar reservado para ellos como lo hay para los fumadores, lo mejor es que marquemos nuestro territorio para que no haya confusiones.
Súper-Paco demostró que también es Súper-macho; aunque eso ya lo había demostrado hace tiempo cuando, armado con un bate de béisbol o algo parecido, buscó, encontró y le dio una lección a un mindundi que un día antes le había pegado a su hijo. Fue juzgado y condenado por aquello, cosa que él, lógicamente, no llegó a comprender (tampoco le vamos a exigir al hombre que lo entienda todo) pero mató dos pájaros de un tiro: por un lado, al agresor le enseñó que su hijo era intocable; y a su hijo le mostró el modo más macho de resolver una disputa: nada de acudir a la Policía; y, mucho menos, a la Justicia; que todos sabemos que está de parte de los descreídos y demás especies de mal vivir. Lo mejor, el estacazo en el coco; y si lo matamos, que se joda.
El asunto que hoy os traigo para copla de carnaval es el siguiente: ¿Por qué ponemos los gaditanos tantas pegas tanto para destruir como para construir? Por un lado no queremos que se tire la Aduana; y, por otro, nos quejamos si a ese pobre hombre, el tal Grosso, el Ayuntamiento le construye un restaurante para que se busque la vida y, de paso, nos eche de comer a los gaditanos. Salud
Jorgue Ruiz de Bustamante
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