Me ha mostrado un amigo mío un proyecto de cartel que, por lo visto, se va a elaborar para repartirlo por Cádiz. El cartel muestra un mapa del barrio de la Viña y en él vienen ubicados los cincuenta y tantos bares que existen en el Barrio a modo de tesoros que hubiera que encontrar. Lo cual no deja de ser una idea simpática.
Sin embargo, lo que ya no es tan simpático, aunque el autor no lo haya hecho con mala intención, es el texto que, como leyenda, acompaña a dicho cartel: “República Independiente de la Viña”.
Con esas cosas hay que tener un cuidado exquisito porque, sin darnos cuenta, caemos en un localismo chungo que no nos conduce a nada bueno. Que una cosa es que, por costumbre, los gaditanos le llamemos Cádiz al centro y Puertatierra al resto, y otra muy distinta es que eduquemos a nuestros hijos en un independentismo “barriero” que les enseñe que el otro, el de dos calles más allá, es diferente. No sólo diferente, sino inferior; porque cuando estas cosas se hacen es para ensalzar lo nuestro con menoscabo de lo demás. Y de ahí a la xenofobia, solo median dos o tres pasos.
Lo curioso es que no nos damos cuenta de que tomamos como normal lo que, precisamente, censuramos a otros. Quiero decir que lo que nos molesta de vascos y catalanes, por poner dos ejemplos, aquí lo ponemos en práctica de una forma mucho más localista. Porque todos recordarán que cuando la Selección Campeona de Europa se paseaba en el autobús por Madrid, Sergio Ramos sacó una bandera andaluza y todos los andaluces nos sentimos orgullosos. Sin embargo ¿Qué hubiera pasado si en vez de Ramos hubiera sido Puyol quien hubiera ondeado la senyera? ¿Lo hubiéramos mirado igual, o lo hubiéramos tomado como un acto nacionalista fuera de lugar? Creo, sinceramente, que lo segundo.
Pues nosotros, algunas veces, somos peores. Porque esos dos países, si de algo pueden presumir es de su identidad vasca y catalana frente a los demás; mientras que en Cádiz nos fragmentamos hasta el infinito: ya no es que no tengamos identidad como andaluces, es que el localismo lo llevamos hasta nuestro barrio y hacemos de él una república independiente. Ojalá recapacitemos y nos demos cuenta de que eso, traducido resulta aislamiento, que nunca fue positivo. Salud.
Como tema de pasodoble, os podéis aplicar a la tarea de escribirle uno a Valdivia, que el otro día, en el espectáculo “Esto e asín”, puso de vuelta y media a Juan Carlos Aragón por haberlo dejado tirado por sus desavenencias con Julio Pardo, que, a su vez, no contrató a la Comparsa “Araca la cana” para cantar en Sevilla; o algo así, no sé bien: ¡Un liasso!
Jorgue Ruiz de Bustamante
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