Los otros días, viendo el programa de Onda Cádiz, “Es Carnaval”, que dirige con tanto arte Germán García, escuché un comentario del duque del Guano (Paco Rosado) con el que comulgo en su totalidad
Aún imaginando que dicho comentario puede llevar alguna carga irónica, estoy muy de acuerdo con que el Concurso necesitaría un “paro biológico”, como él dice, de un par de añitos. Más que nada para que todos nos tomáramos ese tiempo como período de reflexión.
Me parece que hay en Cádiz demasiada gente cuya participación en el Concurso es lo único destacable en su biografía; personas que no entienden (o que entienden demasiado tarde) que la vida es mucho más que medirse cantando coplas con un paisano. Que no caen en que tenemos la obligación de esforzarnos por conseguir que los que nos rodean se sintieran de verdad orgullosos de nosotros, no sólo por subirnos a un escenario a defender un repertorio, sino por ser útiles en el más amplio sentido de la palabra. Porque esas personas tienen o van a tener hijos y no es justo que les transmitan a ellos que el Carnaval es lo único importante en la vida.
Conozco a personas que no saben hablar de otra cosa que no sea el “cajonazo” que les dieron, el último fichaje de Aragón o lo mala que era la comparsa de Zubiela. Personas que a los quince años se instalaron en ese mundo y no salen de él ni para respirar aire puro. Bueno, perdón; sí salen: pero van a ver al Cádiz y enseguida vuelven. Porque el Cádiz es otra pata sobre la que se asienta la silla del gaditano.
Además, como dice Paco, en ese tiempo a lo mejor podríamos recuperar la sencillez de la copla gaditana. Esa que se te cuela, te zamarrea y se te queda dentro para toda la vida y que te atreves a cantar aunque la Naturaleza te haya negado cualquier posibilidad de saber enlazar con gusto dos notas musicales. Esa copla de compás bailable; con sólo dos cambios en su estructura y acompañada con el latido de un bombo, el platillazo suave, y la cadencia de un redoble que no evoque motores. Salud.
Podéis escribir un pasodoble o tango a esa manía de querer sacar coros raquíticos de doce o catorce personas. ¿Quién ha visto eso? los coros deben ser de cuarenta para arriba; cuanto más gente mejor. A esos que quieren imponer sus modas hay que echarlos de Cádiz. ¡Vivan los maxi-coros de 300 voces
Jorgue Ruiz de Bustamante
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