Carnaval de Cadiz

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Los chinos nos han sorprendido a todos y, afortunadamente y por ahora, ha sido para bien. Quiero decir que todos nos hemos sentido gratamente sorprendidos de la capacidad organizativa de ese país para lo lúdico; y esperemos que no tengamos que maldecir su capacidad organizativa para cosas peores. Ahora bien: de lo que estoy seguro es de que la China nos tiene que sorprender muchas veces más.


Al que dijo “Al pueblo, pan y circo” tenían que haberle hecho ya un monumento en cada pueblo (de todo el mundo) de más de 1000 habitantes; porque no hay cosa que más entontezca al personal que disponer de diez o doce euros para una tapita en la calle y contemplar un espectáculo bien montado y a su gusto. Y este de los Juegos Olímpicos ha servido para tapar muchas porquerías.


Desde que el Comité Olímpico Internacional designa a una ciudad como organizadora de los Juegos (y lo hace con más de cuatro años de antelación) se pone en marcha una maquinaria económica que no hay quien la pare. Una maquinaria en la que están implicados quienes organizan, todos los que participan y sus patrocinadores. Y como el dinero es menor de edad y hay que llevarlo siempre por buen camino, pues toda esa maquinaria va a servir para que no haya un céntimo mal gastado; y si para ello tiene que morir gente, que muera: el espectáculo tiene que salir bien porque es el que tiene la misión de que esas muertes no se noten.


Cuando designaron a China para este circo, le advirtieron de que se tendría que notar algún avance en cuestiones de derechos humanos: abolición de la pena de muerte, concesión de derechos colectivos a las etnias que no los tienen, participación del Pueblo en la política activa, desmilitarización del Tíbet, mejoras de las condiciones laborales, creación de sindicatos y, en definitiva, desaparición de muchas canalladas. Sin embargo, lo que el gobierno chino ha hecho es esconder esa porquería social detrás de la arquitectura lúdica y de alto nivel de estadios y piscinas (Con lo que ha costado el estadio olímpico, es probable que se pudieran haber construidos varios hospitales), pero una vez apagada la antorcha, se verán las luces reales de la miseria y la injusticia.


Y no hay que criticar sólo a China: ya decía arriba que en la maquinaria económica estamos todos y todos pensamos en lo que podemos dejar de ganar si hacemos boicot a los juegos. Por eso los deportistas de Georgia siguieron allí mientras Rusia invadía su país; y por eso los españoles no bajaron la bandera a media asta y ni siquiera se colocaron un crespón en sus camisetas en señal de luto por las personas trágicamente muertas en Barajas. El espectáculo debe continuar encandilando a millones de personas y no puede ser empañado por nada ni por nadie.


Jorgue Ruiz de Bustamante

j-ruizbustamante@hotmail.com


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