De siempre nos ha gustado llevar los iconos, admirar los personajes y copiar las fiestas de los Estados Unidos de Norteamérica.
Después de que el árbol de Navidad y Santa Claus (o Papá Noel, o San Nicolás o como quiera que se llame ese viejito con cara de buena gente que trae juguetes a los niños dos semanas antes que nuestros Reyes Magos) entraran en nuestras tradiciones, se nos ha colado, por la puerta falsa que dejan abierta las películas y las series de Hollywood, una cosa horrenda que se llama Halloween.
Para qué sirve esa fiesta no lo tengo muy claro; aunque intuyo que para los pequeños será una inocente fiesta que divertirá mucho más que ir a la Plaza a ver puestos de nueces y castañas y cerdos vestidos de políticos; puesto que la nuestra es una fiesta pasiva y los niños como se divierten es participando en fiestas activas. Y para los mayores, será como todas las fiestas del mundo: una excusa para emborracharse, conocer gente e intentar dormir (o mejor, no dormir) acompañados.
Lo que no debemos hacer es adoptar una actitud de miedo ante esas invasiones. Por una razón muy sencilla: porque nuestra cultura (como en todas partes) es la suma de todas las culturas que por aquí pasaron. Todas las fiestas han nacido de las distintas religiones y creencias del hombre; y cuando han llegado aquí, las hemos adaptado a nuestro modo de vida.
Carnaval, Juanillos, Tosantos, Navidad, Reyes…Ninguna de esas fiestas se mantiene pura ni en ningún sitio son iguales: todas tienen la esencia de quienes la crearon y la influencia de quienes las celebran. No podemos decir que en Navidad el “Nacimiento” es lo nuestro porque es invento de alguien que lo creó en otro país; aquí llegó en su día y nosotros la adoptamos. Ahora es el momento de Halloween; le pondremos mala cara al principio pero, como todas las cosas, en la misma medida en que nos vaya haciendo felices le iremos haciendo un hueco entre nosotros como se lo hicimos a la tabla de wind. ¿Quiénes somos nosotros para dictarles a nuestros hijos sus maneras de divertirse? ¿Quiénes para cerrarles las fuentes de su felicidad? Lo bueno, siempre, es el mestizaje; y si ahora Halloween nos parece algo exótico, en cuanto el discurrir de los años le vaya añadiendo elementos de aquí, será una fiesta tan nuestra como las Fallas de Valencia o los Sanfermines. Y lo curioso será que dentro de cien años, nuestros tataranietos defenderán Halloween como algo nuestro frente a otra nueva invasión. Salud.
Posdata 1ª. El señor Lamas, molesto por mi comentario sobre la prohibición de que los coros puedan llevar pocos componentes, me aclara que él no tiene culpa de nada; que la idea es de otras personas más malas que él, que él sólo la ha apoyado y que su coro es tan bueno como los demás. Si es así, pido disculpas. Pero nadie me va a prohibir decir que es una vergüenza que el Concurso, que está hecho para dar satisfacción a unos ciento treinta mil gaditanos, lo manejen quince o veinte personas.
Posdata 2ª. Como tema de pasodoble os daré éste: No hay derecho de que después de que por poco nos quedemos sin la Viña por mor de la lluvia, todavía no hayan repuesto el cuadro de la Virgen de la Palma en su lugar. Qué gente, por Dios.
Jorgue Ruiz de Bustamante
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