Carnaval de Cadiz

Temas de pasodobles


A galera


Queridos cadistas: Como yo de esto sé más que nadie, os voy a explicar exhaustivamente cómo debe comportarse el buen aficionado.


Es cierto que debería existir el manual del buen forofo, pero a falta de él, los que sabemos de estas cosas ayudamos gustosamente para que los legos sepáis comportaros.


Os voy a ilustrar mi explicación con un ejemplo que, seguramente, nunca antes os lo pusieron. Prestad atención.


El Cádiz es como el pasajero de una galera en la que los aficionados somos los galeotes que debemos remar siempre en la misma dirección. Cuando la galera llegara al puerto que se ha marcado como destino, los galeotes tenemos la obligación de esperar a bordo a que el Cádiz baje a tierra y disfrute de todo lo que ese puerto y esa ciudad le ofrecieran. En ese disfrute, por supuesto, nosotros no debemos participar. No debemos nunca olvidar nuestra condición de simples galeotes. Ahora bien, si el Cádiz se portara mal en esa ciudad que visita y quisieran echarlo, los galeotes tendremos la obligación de bajar del barco y luchar con uñas y dientes por defenderlo sin cuestionar lo más mínimo cómo ha sido su comportamiento. Y si, a pesar de todo, tenemos que abandonar ese puerto, lo haremos con alegría y animando siempre para que nuestro pasajero no sufriera alguna depresión.


Que jamás se nos ocurra pedir algo a cambio: nuestro trabajo es completamente altruista. Eso sí, atentos siempre a lo que él pudiera necesitar tanto de nuestro espíritu como de nuestro monedero.


Esta misión nuestra no debe parecerse a ninguna otra: si una esposa cometiera un fallo, la repudiaremos; si un hijo se enganchara en la droga, renegaremos de él, si una madre se nos pusiera vieja y achacosa, la ingresaremos en una residencia pero junto al Cádiz hay que estar siempre. Su misión en este mundo es quemarnos la sangre y estar siempre a punto de algo: a punto de ascender, a punto de descender o a punto de desaparecer. Y aunque nunca nos regaló dos semanas seguidas de tranquilidad, nosotros estamos obligados, por encima de todo, a regalarle nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra dignidad, nuestro orgullo y todo aquello de lo que una persona pudiera presumir. De esa manera podremos presumir de merecernos todo lo que nos pase. Salud


El tema de hoy no puede ser mejor: el palo que se han llevado los pobrecitos hermanos de Borriquita, que el obispo le ha declarado nulas las votaciones.


Otro pedazo de pasodoble es el hermanamiento de las Santas Cenas de Cádiz y de Sevilla: pelotazo gordo. Otra vez salud.


Jorgue Ruiz de Bustamante

j-ruizbustamante@hotmail.com


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