Carnaval de Cadiz

Puchero de Letras


Cádiz, más vieja que nunca


En más ocasiones que las que muchos carnavalescos quisieran, las agrupaciones llamadas "ilegales" son más osadas en sus coplas que las que van al teatro, es decir, en otras palabras, hacen más carnaval que las llamadas "oficiales". Porque, no lo olvidemos nunca, hacer carnaval es ir contra todo lo establecido y, sobre todo, contra aquéllos que establecen todo lo establecido, pues, de alguna forma el pueblo puede, y debe, protestar ante las injusticias del poder. Y, curiosamente, unas dos o tres semanas más tarde del domingo de piñata, en medio de lo que unos pocos llaman "cuaresma" y a otros se les olvida a no ser que se la estén recordando continuamente, sobre todo con el olor a incienso invadiendo calles... y narices; bueno, lo dicho, que después me ando por las ramas, resulta que en mitad de eso que llaman "cuaresma", escuché una agrupación de esas que llaman "ilegales" y quiero destacar de esta atenta escucha un pasodoble que, a la manera más carnavalesca, cuenta cómo está Cádiz últimamente: más vieja de lo que pudiera estar según la edad que dicen que tiene (tres mil años, año más, año menos). Por ello, voy a lanzar una lanza, valga la "rebuznancia", más a favor de estas letras que, para mi modesto entender, son carnavalescas y, sobre todo, gaditanas, porque para qué vamos a ir tirando flores a lo que está podrido y así continuar enmascarando el olor...


La agrupación "ilegal" a la que me refiero es la que han titulado este carnaval "Los tipos de interés", y van disfrazados de banqueros, así que es obvia la relación que tiene el título con el tipo que representan los "ilegales" componentes de esta "ilegal" agrupación. Bien, el pasodoble es de esos cortitos musicalmente y que tanto te obligan a economizar en la letra por su corta duración, por lo que comienza rotundo, y cito: "Mi Cádiz convertida en un asilo / de viejas que pasean caridades / entre anillos y collares / los veranos en el rastrillo." No empieza nada mal, yo diría que comienza como un buen puñetazo en el estómago (ya, en cuál estómago va dirigido tan contundente puñetazo, que cada cual se mire desde arriba). Como todo aquél que conozca la situación actual de la ciudad, verá que el pasodoble comienza diciendo la verdad, matizada esta verdad, todo hay que decirlo, con una visión crítica de esta misma verdad. Aunque no es gratuita, a mi parecer, porque desde muy joven he sabido de ese rastrillo a finales de agosto y principios de septiembre en el colegio San Felipe Neri (que no nombran en la letra estos carnavalescos, pero que yo sí nombro en este artículo) y, la verdad, siempre me ha olido a chamusquina (infernal o no, eso es cosa de aquel que crea o no en el infierno; en mi caso, como no creo, se queda sólo en chamusquina, así, a secas). Y no hay que tener ojos de lince para ver que es muy fácil pasear caridad mientras se pasean anillos y collares (obviamente, no de bisutería) al mismo tiempo. Así que nada más que añadir a este respecto.


Se desarrolla el pasodoble diciendo ahora: "Devotas que bendicen la mantilla / peñistas que disfrazan los Juanillos / bingueras que de noche en la playa / ven a Rambo en la pantalla / todas puestas en corrillo / flamencos que jalean / al compás de subvenciones y promesas / rocieras que cuando la ven pasar / le gritan guapa a la alcaldesa." El autor de esta letra de pasodoble juega con sinónimos, porque relaciona a estas señoras de clase media, el ideal, con sus copias, las marujas y los gaditanos pequeñoburgueses de emblemas en la solapa, a saber: "viejas que pasean caridades entre anillos y collares" (el ideal); "devotas que bendicen la mantilla, peñistas que disfrazan los Juanillos (¡guau, este verso me encanta!"), bingueras que de noche en la playa ven a Rambo en la pantalla todas puestas en corrillo (las marujas, antes de familia obrera, ahora de la pequeñaburguesía gaditana); y, por último, flamencos que jalean al compás de subvenciones y promesas, rocieras que cuando la ven pasar le gritan guapa a la alcaldesa (las copias).


Abandonando la referencia platónica a la que he recurrido para el análisis desarrollado en el párrafo anterior, me vuelvo ahora más "gaditano" para analizar la penúltima estrofa de esta joyita de pasodoble: "Señores que a la hora de votar / presumen que su Cádiz está precioso / con traje de Domingo / tomando café en Pablo Grosso." Obviamente, cada cual puede votar a la tendencia política que considere que vaya con su carácter... político... si lo tiene, claro... y tomar café donde quiera... o, mejor dicho, donde su bolsillo alcance... Pero hay aquí un par de versos que son muy oportunos con lo que reseñé al principio de este artículo, y esta vez me cito a mí mismo: "para qué vamos a ir tirando flores a lo que está podrido y así continuar enmascarando el olor". Estos versos tan oportunos dicen, literalmente, y cito de nuevo: "Señores que a la hora de votar / presumen que su Cádiz está precioso..." No hay que ser muy listo para darse cuenta que sólo se ve a Cádiz precioso desde la posición acomodada de la burguesía (el ideal; vaya, Platón otra vez) y desde la más o menos acomodaticia pequeñoburguesía (la copia; ¡y dale con Platón!).


A ver si dejamos a Platón tranquilo (y me deja a mí y a vosotros tranquilos también) y vamos a ver cómo terminan este pasodoble estos "ilegales": "Su Cádiz tal como querían / juventud guardá de noche y exiliada por el día (¡guau, otro gran verso, sí señor!) / cortijo de la compostura (¿se acuerda alguno del Cortijo de los Rosales?...) / que cuando Cádiz sonríe... (un poco de tensión para rematar el pasodoble...) / se le cae la dentadura (no hay mejor manera de acabarlo, sí señor)." Y aquí, en esta estrofa final, hay que distinguir un Cádiz por encima de otro Cádiz, el Cádiz más viejo sometiendo, o intentando someter más bien, al Cádiz más joven, al que intentan guardar bajo la alfombra de noche y al que ya cuentan con exiliarlo a... por ejemplo... Castellón... Pero son los dos versos finales los que más me entusiasman, porque afilan más mi pluma. ¡Cómo une el letrista la metáfora ("cortijo"), el ideal ("compostura"... otra vez Platón, tan ideal para el caso) y el emblema ("Cádiz sonríe")! para decirnos, al final, que la sonrisa que luce este Cádiz en el que nos ha tocado vivir y con el que nos toca lidiar no pocas veces es una sonrisa artificial, una ficción, un artificio, en otras palabras: la de una dentadura postiza. Es decir, dicho de otro modo, los únicos que tienen motivos para sonreír en Cádiz son los más viejos de Cádiz, lo que hace que, todas sus edades juntas, superen los tres mil años que dicen que Cádiz tiene, año más, año menos, y la presentan mucho más vieja aún de lo que se supone que es...


Y así, este Cádiz más viejo de lo que se supone que es, camina al bicentenario de la primera Constitución española ofreciendo ya una ciudad al visitante donde prácticamente es muy probable que pueda clavarse en la suela de sus zapatos los dientes que se le han caído a los más viejos del lugar. Así, estos turistas europeos de medio pelo, comprobarán, in situ, que más que doscientos años de intentos de democracia, se están acercando a la celebración de la vejez más vieja: la occidental, y no sólo porque la ciudad sea "la más vieja de occidente", sino porque, además, es más vieja aún porque sus habitantes, cada vez más, serán "los más viejos de occidente". Y si sólo fueran viejos, pues se les respeta y en paz, como sucede en muchas culturas precolombinas aún supervivientes a principios del siglo XXI (el viejo también respeta al joven en estas culturas), por poner el ejemplo más cercano del que puedo disponer. Pero no se contentan con ser viejos, no, qué va, encima son egoístas y miran por sí mismos sin importarle ni mucho ni poco qué será de sus nietos: esta vez, la indiferencia proviene de la ancianidad y no de la juventud, desmintiendo el tópico e inagurando uno nuevo para las generaciones venideras. A lo más que llegan es, por poner otro ejemplo, a contemplar con curiosidad casi infantil cómo juegan a los juegos de pistas por las calles céntricas de la ciudad los nietos de estos turistas de medio pelo, alumnos franceses y norteamericanos, sobre todo, púberes más centrados en buscar pistas en las crecientes turgencias propias y ajenas que en jugar a juegos de pistas, valga tanta "rebuznancia", más propios de la niñez que de la preadolescencia; o, tomando un ejemplo más cercano, observar, no sin cierta nostalgia y envidia, cómo los jovencitos y las jovencitas gaditanos importan un deporte urbano francés y lo practican, aún de torpe y duditativa manera, sobre las arenas de las cuatro playas gaditanas. Mientras pierden el poco tiempo que les queda de esta forma, sus nietos salen del instituto y, si no trabajan casi en régimen de esclavitud para un patrón que, encima, cobra subvenciones estatales por facilitar empleo a la juventud, tienen que emigrar a otras tierras para ser carne de cañón de este sistema capitalista que tantos cuantiosos dividendos da a unos pocos a costa de unos muchos, sobre todo de unos muchos jóvenes...


Bien, volviendo al tema principal de este artículo. Lo mejor de este pasodoble es que dice la verdad al estilo de Cádiz y de su carnaval: con ironía, con sarcasmo, con un humor retorcido que en realidad es algo así como "reír por no llorar" o "cantar por no gritar". Porque, desafortunadamente, los abuelos, cuando van a las urnas, sentencian al exilio y a la deshumanización capitalista a sus nietos, recién salidos del instituto o estudiando en la universidad... y trabajando, además, para poder pagarla en muchos casos (no sé cómo andará el sistema de becas últimamente, pero sí sé que con lo del Plan Bolonia quieren hipotecarlas a través de entidades bancarias; así nos lucirá el pelo próximamente).


Volviendo a lo "estrictamente" carnavalesco, y como conclusión, se trata de un pasodoble valiente y, mejor aún, certero. Un pasodoble donde se refleja que el espíritu del dios Momo no se vende a ningún dios judeocristiano al uso ni, menos aún, a ese dios del capitalismo (aunque, paradójicamente, los que lo cantan estén parodiando a los chupasangres capitalistas por excelencia: los banqueros). Algunos dirán que también ganan "capital" estas agrupaciones que llaman "ilegales"... Ah, sí, claro... el capital suficiente para que se volatilice en un buen cartucho de pescaíto frito y en una buena botella de vino... Mejor inversión, imposible: más alegría a la alegría, más desenfado al desenfado. Hasta la próxima, amigos.


Juan Pinto


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