No hay más cera que
la que arde
Se pone uno delante del teclado y no sabe
ya ni qué poner. La información carnavalesca crece día a día y las opiniones también.
Ya tenemos jurado y, según parece, ha llovido a gusto de todos. El mítico Charly
Ordoñez nos informa del dinero que la Teo no se gastó y se queja, con razón, de que si
las agrupaciones se van por ahí es porque aquí no se les paga. Lo mismo, si hacemos una
magna de cajonazos trincamos y todo.
La gestión municipal del carnaval no deja
de ser un sueño que, prácticamente, ningún partido político ha logrado. Deja dinero,
se llenan los hoteles, Cádiz se vende más al exterior y todo lo que queramos decir,
pero, tal y como decía el genial Carapalo, se van los carnavales y aquí nos quedamos
barriendo papelillos y con cara de carajotes. Siempre esperando el maná, un nuevo
engaño, una nueva mojonada que haga que Cádiz salga en la tele, los de siempre se lo
siguen llevando muerto y los de siempre siguen pisados por la bota de turno. Nos queda el
carnaval, eso sí.
Esa semana nos comemos a diez por patas.
Criticamos, inflamos el buche, echamos valor, somos los herederos de los que echaron a los
fanfarrones, los leones de las Cortes, el no va más. Hacemos la guerra de guerrillas en
los Callejones de Cardoso, mientras que la clase alta se ríe de nosotros, sus bufones,
mientras paladean en el Faro las mejores viandas pagadas por los bolsillos de aquellos que
nunca comerán allí.
Los políticos se disfrazan para irse a
una peña de la Viña, donde les invitan y les dan gloria bendita a los mismos que les
olvidan tras el domingo de Piñata. La palabra carajote se inventó en Cádiz por alguna
razón.
En este tiempo de espera, la ciudad va
recargando sus baterías, en cualquier rincón hay gente ensayando, nadie protesta. La
droga más grande que jamás se inventó y que hay que seguir facilitándole a la gente
que la necesita. La prensa, la radio, las teles locales, internet, todos comemos y nos
retroalimentamos de este festín donde hay más perdedores que ganadores, donde los
vencidos estiran su subidón hasta el año que viene buscando mejor suerte en Castellón,
donde los ganadores sí que deben alegrarse ya que son ellos, los de la varita mágica,
los que nos hipnotizan cada cuatro años, los que han hundido esta ciudad donde está.
Decía el otro día Sánchez Reyes en el
programa de Ordoñez que el Petra le pide pasodobles cañeros, letras al cuello, nadie
mejor que el chirigotero sabe lo que es ser de Cádiz 100%. Qué penita de mi Cádiz.
Id comprando Almax para las comilonas de
los ensayos generales.
El portero de la Torre Tavira