Más de lo mismo
Siempre he sido muy preguntón, y, por norma general, nadie me responde a las preguntas
que formulo. Por eso mismo me las hago (las preguntas se entiende) y me las respondo yo
solo. Muy pocas veces pienso en esos diez días anuales que parecen haberse convertido en
el motor (o droga alucinógena) de esta ciudad. Antaño vivía el carnaval con una pasión
inusitada. Todo el año era para aprenderme los repertorios, para informarme de los
nombres del año siguiente, para, en definitiva, unir mi vida al carnaval.
Todo cambia en la vida y esa pasión desapareció como por arte de magia. Probablemente ha
influido mucho la alarmante falta de calidad en las agrupaciones, la economía creciente
de los ejecutantes, el poco gancho de una fiesta que sólo ayuda a hundirnos un poquito
más en el lodo o vete tú a saber el qué, pero esto, para mí, no es lo que era.
Creo que fue Paco Rosado, carnavalólogo de pro, el que dijo que esto tenía que tener una
parada ecológica y montar el carnaval un año sí y otro no. Yo iría más allá.
Recuperando la antigua idea de algunos "concursistas", que abogaban por eliminar
las preliminares para así hacer cuatro letras menos, en la que los miembros del jurado
tenían que escuchar a las agrupaciones sin calidad en locales estipulados para el caso,
propongo hacer lo mismo, pero con todas las agrupaciones.
Para algunos el miedo al apellido del autor o a las revanchas de los radicales les
llevaría automáticamente a colar en el teatro a todos los "famosetes". Aquí
es donde nos quitaríamos de en medio a tantísima morralla como tenemos que padecer,
porque señores, por mucho apellido que tengan algunos el porcentaje de calidad de esos
"primeras figuras" no llega ni al 20 % del total de su repertorio. Ha habido
agrupaciones, con primeros premios consecutivos, de las que la gente sólo sabe el nombre
y son incapaces de cantarte ni el estribillo. Probablemente este columnista tendría que
alegrarse de todo esto. De que el concurso camina gateando hacia su desaparición, de que
terminaremos por sacar los repertorios cada uno cuando quiera y hacer promociones como
artistas de otros géneros. Pero, sintiéndolo mucho, no me alegro de esto. Porque aunque
siga siendo la calle la verdadera fuente del carnaval más puro, el concurso tiene su
importancia. Por eso sigo avisando de lo mismo de si
Ya está empezando a refrescar
El portero de la Torre Tavira