¡Qué agobio!, ¿no?
Eso mismo pienso yo, que vaya agobio tiene que sentir el pobre ejecutante, ejecutor en la
mayoría de ocasiones, por estas fechas en las que el verano se acaba y, como es lógico,
llega el otoño (sin premio). Las tiendas se frotan las manos al sacar los pañuelos
palestinos de los baúles, los kioscos piden más remanentes de Pictolín y las farmacias
empiezan a pedir más Lizipaina y pastillitas pa la garganta, que pa algo hay que partirse
el pecho en el templo de los ladrillos coloraos (coloraos de la vergüenza que pasarán
por escuchar, un año más, a unas 20 agrupaciones dignas del paredón).
Pero to esto es pa ná (que diría el Masa), porque Cádiz ya empieza a respirar carnaval,
a recargarse las baterías a base de 3X4 y a sentir que cada meao de la Plaza Mina no es
meao de salvaje, sino de comparsista al que, cuartilla en mano (y cubata en la otra), le
ha sorprendido la inspiración y ahora deja una meada y luego legará a la humanidad un
pasodoble en el que reinvindique más limpieza para la ciudad.
Yo to esto no lo entiendo. Y me explico. Con el ruinazo que tenemos encima, no comprendo
cómo nos seguimos creyendo que dos pasodobles críticos cambiarán las tornas. Cómo
podemos seguir pensando que el carnaval arregla algo, que decimos las verdades y tópicos
por el estilo. Lo único que arregla el carnaval es la economía de cientos de gaditanos,
de familias que sobreviven gracias a los visitantes, a los que denominamos
"forasteros" cada vez que nos interesa. Lo único que arregla el carnaval es
seguir demostrándonos que tenemos ingenio para siglos y siglos de fiesta, pero que esa
imaginación no la usamos para algo más productivo. De todas formas, tampoco pretendo
cambiar el mundo. Ahora bien, a los concursantes más dicharacheros me gustaría
comentarles algo.
En octubre más o menos comienzan las tertulias carnavalescas y toda la movida que ello
conlleva. Por favor, no insistan más, como cada año, en que las callejeras son más
fáciles de hacer, que no critican, que también cobran por cantar, que no cantan
ná...etc. Ni a ustedes les obliga nadie a concursar ni a ellos a hacer lo que hacen, así
que ya saben, cada uno en su casa y Caracol en la de todos.
No enfadarse joé, que ya queda menos.
El portero de la Torre Tavira.