Carnaval de Cadiz

No ni na


Doping carnavalesco


¿Existe el doping carnavalesco? ¿Es una leyenda? ¿Una realidad?...


El dopaje y el Carnaval, al igual que en el ciclismo, han coexistido a lo largo de toda su historia. El doping carnavalesco no entiende de edades ni de colores, de tiempos ni de situaciones; es una sombra que siempre estará ahí planeando sobre todos, y digo todos, los que hacen la gran fiesta gaditana.


Frases como: “Esto tá ma' ambientáo que er camerino de Caleta” o “Qué coño se tomó er Fali Vila en la finá de Los Templarios”, no son una casualidad. Como ya he dicho, el doping carnavalesco siempre ha estado patente entre todos los copleros a lo largo de los tiempos.


En un primer caso, a los 'octavillitas', que bien sea por un resfriado o simplemente por la presión de tener que subir en el trío, les puede entrar el 'síndrome de la ronquera'. Pues el mismo día de la actuación lo tienen claro... A la farmacia, al practicante; su urbason, la garganta de paquete y a cantar por derecho. Que en el concurso toda artimaña es válida.


Hay quien opta por un dopaje más natural. Nunca escaseará en camerinos un buen termo de 'cardo puchero' y la mítica 'miel con limón'. Son remedios caseros para poner las cuerdas vocales a punto. Como tampoco faltará el infalible Pictolín del monaguillo, que siempre estará ahí. En este apartado, cabe hacer una mención especial a la legendaria y misteriosa 'pócima de Martínez Ares' que algún día revelaremos.


La emblemática 'tila' tiene su momento secreto en casa de cada uno. Hay quien no quiere que los nervios le jueguen una mala pasada en el punteao de la presentación y opta por relajar su cuerpo mediante esta infusión. También hay quienes durante la pre-actuación calman esa ansiedad fumándose uno gordo con un buen rebujito. Esta mezcla puede estar en el top-five del doping carnavalesco, siendo sustituíble el rebujo por una 'sesita fresquita', un 'Collantes'...; a gusto del dopado.


Existen los que en vez de buscar esa paz interior prefieren ponerse a tope. Y cuando digo a tope creo que todos sabemos a lo que me refiero. Cada uno se dopa de la forma que quiere y puede. Actúa como le da la gana y busca estar a gusto en su momento artístico.


Pero no sólo actuando o ensayando se dan estos casos. A la hora de crear, de componer el repertorio, se busca la inspiración de cualquier manera posible. Infinidad de casos podría poner en este apartado. Imagínense: tabaco y Cointreau, tequila, sal y limón, un buen cigarrito de la tata juana, café y dulces... Todo tipo de alimentos y bebidas que sean capaces de alterar su estado físico y psíquico.


Sin olvidar que hay muchos carnavaleros que no se identifican con ninguno de estos casos de doping anteriormente descritos, que por su capacidad mental o forma de ser no les es necesario hacer uso de estas técnicas. Pero vamo..... que si hicieran un control anti-doping en el concurso no iba a cantar ni la chirigota del Pepón. Que aquí el que no corre vuela, todos lo sabemos.


¡¡¡Ahhh!!! Todos tienen una cosita en común. Doping carnavalesco además es eso que no puedes dejar de tomar; una terapia ya inventada, un sentimiento, una ilusión, una cultura, escuchar y amar el Carnaval de Cádiz.


Germán Moreno Pérez


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