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Noches de vigilia, papelines y bocatas

Comienza hoy la magia, la sucesión de noches en vela, el trasiego en el patio de butacas, el barullo en el paraíso, las palmas por bulería y por tango. Esta noche se abrirá el telón del Gran Teatro Falla, con sus grandes inciales superpuestas como si fuese un hierro ganadero.

Y sonarán los primeros acordes de tango, los primeros pentagramas de un coro, los primeros sonidos de las guitarras y las bandurrias, y habrá empezado el Carnaval por lo oficial, el que se consagra en el templo de los ladrillos colorados, el que comenzó allá por septiembre, cuando los estudiantes se afanaban en repescar el curso y los gaditanos se reunían por las noches para iniciar los ensayos que culminarán en estos días sobre las tablas. Ese templo con forma de bombonera que en febrero se convierte en un palacio de barrio cocido ardiendo en coplas y pasodobles, en los sones estridentes de los pitos, que son la denominación de origen, el santo y seña de la fiesta.

Comienzan hoy las noches de vigilia, papelines y bocatas. El rosario, los misterios que declama esta tierra uno por uno, como si fuesen una letanía de cuplés, presentaciones, pasodobles y popurrís, hasta que el jurado se retire a deliberar, hasta que se quede el teatro vacío y salga un personaje acta en mano para leer “En la ciudad de Cádiz…” y fuera se alcen los cuchillos o se forjen los abrazos, y se sienta la alegría de los que pasaron, la decepción de los que quedaron fuera y las perspicacias de los “cajonazos”, que son también parte de la cosa, que son también el pan de cada año.

Porque he estado al otro lado, aunque no en la división de los carnavales –que es una división de honor-, sé de los nervios entre bambalinas, de los sudores del último esfuerzo, de cuando se canta con el alma antes que con la voz, de la ilusión antes de que se alce el telón, del temblor del cuerpo cuando pisa las tablas, cuando los ojos se quedan ciegos por los focos, cuando adivinamos que tras la cortina de la oscuridad hay miles de rostros dispuestos a escucharnos.

Hoy comienzan los días de gala en el Falla, que se convierte en la casa grande de los gaditanos, en el escaparate de esta ciudad que canta al mundo, aunque canta siempre para ella misma con la desvergüenza por delante, acunando la libertad por las esquinas, meciéndola en los brazos del mar. Y no estamos aquí para juzgar, sino para disfrutarlo, para comenzar juntos la andadura que desemboca en el barrio La Viña cuando el teatro haya cerrado sus puertas.

Para bebernos juntos un nuevo Carnaval, para apurar juntos esta sucesión de noches en vigilia, de bocatas y papelines. Porque no somos jueces, ni dioses ni demonios. Porque existe un Carnaval que son miles de carnavales, incluyendo el que habita en el corazón de todos los partibles de tierra adentro, disfrutemos desde hoy mismo de estas noches en que la magia viene a posarse día tras día entre las butacas del Falla.

Ana Pedrero

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