Carnaval de Cadiz

En femenino singular


Ego sum


Las conversaciones que he venido manteniendo con carnavaleros y carnavaleras de varias ciudades de Andalucía, a lo largo de estos años de aficionada, me han hecho confirmar la teoría de que no existe un único Carnaval. Y lo que diferencia unos carnavales de otros no depende de la ciudad de donde provengan. Pienso que existen tantos Carnavales como personas y caracteres.


El ser humano por naturaleza tiende a ser egoísta y a buscar de una forma u otra sobresalir y destacar, bien utilizando la pedantería y la soberbia o bien siendo víctima de un complejo de inferioridad y todo ello únicamente para sentirse protagonista. En muchos ocasiones, el ego se convierte en el yo y se confunde el personaje con el actor.


En el Carnaval y concretamente en las agrupaciones que tanto lo enriquecen, cada componente, cada autor tienen un rol, un papel, una oportunidad para ser lo que desearían ser sin tener la necesidad de disfrazarse. Vengo a referirme a que, como en la vida, cada uno busca su felicidad y su propio goce personal de una forma u otra. Para mi gusto, el problema llega cuando empezamos a utilizar el Carnaval como herramienta para alimentar nuestro ego. ¡Y cuánto ego existe en nuestro Carnaval!, ese "yo" empeñado constantemente en querer ser...


Sin adentrarme en cuestiones psicológicas, ya que me faltarían años de Universidad para poder escribir algo más acerca del tema, y hablando de lo cotidiano, todos conocemos a alguna persona de las que no salen del "yo soy...", "yo he hecho...", "yo soy de las personas que...", "yo...", "yo..."; ahí tenemos al amigo, en este caso carnavalero, egocéntrico. Ése que no se avergüenza de demostrar que está encantado de conocerse (siempre me ha encantado esa frase); esa persona egoísta e incluso destructiva, víctima de cuanto le rodea y ladrona de los méritos ajenos.


Por el contrario, existen otras cuya felicidad no depende de su autopublicidad, ni se regala los oídos delante de nadie, sino que encuentra su recompensa en su trabajo y en lograr objetivos personales. En ellos también se encuentra ese ego, manifestado igualmente pero de otra forma, ni mejor mi peor...; sólo distinto. No me atrevería a juzgar ni una actitud ni otra, sólo son maneras de actuar y de vivir, cada uno de acuerdo a su necesidad particular.


Me reafirmo: a tanta variedad de personalidades, tantos Carnavales. "Mi Carnaval es...": ¿a cuántos hemos escuchado eso? "Mi carnaval no está en los premios..."; "mi Carnaval es escribir, componer, cantar, escuchar, ser espectador, vivir la calle, disfrazarme..."; “mi Carnaval está con mi gente..."; "mi Carnaval...".


Y ahí mismo está la grandeza de todo esto: cada uno puede forjarse un Carnaval y enriquecerlo de acuerdo con sus inquietudes, cosa que lo mismo no ha podido permitirse hacer con su propia vida.


Tenemos la posibilidad de atrevernos a soñar y convertirnos en un cantante famoso, un escritor de éxito, un músico reconocido o un transeúnte cualquiera anónimo de la calle dejando aflorar sus más ocultos deseos.


En lo que a mí respecta, mi Carnaval se está convirtiendo en un cumplidor de sueños, un abanico de posibilidades que ni yo misma conocía y una ventana de vivencias y experiencias... Y de esto último precisamente es de lo que se alimenta el ego... ¿Egocéntrica? Pues sí, egocéntrica. ¿Y quién no en una fiesta como la nuestra...?


María Núñez García


OPINA SOBRE ESTE ARTÍCULO





Distinguido Asociación de la prensa de Cadiz InfoCadiz Premio Gaditanos del año en la cadena Onda Cero
Distinguido por la Asociación de la Prensa de Cádiz Dl Creaciones Premio Gaditanos del Año de la Cadena Onda Cero