Carnaval de Cadiz

El Palco


El repertorio como una acción más


Están las aguas algo revueltas. Pero lo están en la orilla, que es donde más les gusta bañarse a los chiquillos y a los chavales. Y es que, curiosamente, este Carnaval de Cádiz 2013, aparte de los desbarajustes y tropelías propias del COAC de adultos (y todavía peor en infantiles y juveniles), ha sido el carnaval de cierta concienciación sobre el futuro del mismo pero ya mismo, es decir: en el presente, que es el tiempo que vivimos los que vivimos. Y es que en las orillas de este mar revuelto que es el Carnaval de Cádiz, a los chiquillos y chavales ya casi se les prohíbe bañarse a gusto. Normal que algunos de ellos se revuelvan en las aguas revueltas revolviéndolas más todavía si cabe... Pero lo mejor de todo esto es que, cada golpe de ola, hay más bañistas jóvenes descontentos...


Hay muchas voces, algunas autorizadas porque en su momento fueron canteranos y otras ya no tanto porque es un tema muy útil para afianzar ciertos intereses creados y convertir la lucha legítima de otros en alma arrojadiza contra otros, que están poniendo la voz en grito de que la cantera del Carnaval de Cádiz está cada vez más abandonada y puede llegar a perderse... Y, de verdad, esas voces (sobre todo las primeras) son necesarias... hasta cierto punto. ¿Y por qué hasta cierto punto? Porque todo lo que haga uno mismo por uno mismo, mucho mejor que dejarlo en manos de otros (sobre todo si esos otros sólo miran por sí mismos: más que ególatras, son egoístas, que al fin y al cabo es prácticamente lo mismo).


Viendo un vídeo en el que se dice: ‘Lo mejor para la cantera es hacer cantera’, se me ha ocurrido la idea para este artículo. Y será también porque hay gente que dice que haciendo cantera es suficiente: esa opinión está en todas partes, pero sobre todo en los foros de internet (pero una opinión no es un argumento: hay quien nada en la superficie pero también hay quien se sumerge en las profundidades). Claro, hacer es lo mejor para todo, ya no sólo para la cantera. De hecho, hacer es mejor que hablar, ¿verdad? Hablar, habla todo el mundo, sepa o no sepa hablar o de lo que habla. Eso es fácil: sólo hay que abrir la boca y darle a la lengua (o a los dedos en un teclado). Pero hacer, ya es otra cosa... Hacer sólo lo hacen unos pocos (con el tiempo, se benefician unos muchos: así está conformado el mundo ese que llaman civilizado). Y esté la cantera como esté, hay unos pocos haciendo cantera... Pero no es suficiente porque haciendo cantera no se arregla la situación actual de la cantera: puedes seguir haciendo toda la cantera de la que seas capaz... y la que te permitan (ahí está el quid de la cuestión). Por otro lado, hacer no implica mejorar, necesariamente... pero puede contribuir a la mejoría: si mejora uno, pueden mejorar todos.


En Cádiz nos gusta muchísimo (quizás más de la cuenta), llenánosno la boca: ‘Hay que hacer esto, hay que hacer lo otro, hay que hacer lo de más allá, blablablablá’... Y con eso, hay incluso quien piensa que ya está todo hecho... Pues no. Porque aunque es verdad que haciendo algo es como en realidad se hace ese mismo algo, también hay que hacer otras cosas alrededor de ese algo para garantizar que ya se está haciendo siga haciéndose y a los que ya están haciéndolo, que sigan haciéndolo. Y es que, amigos, de eso se trata en realidad: de garantizar las condiciones lo más idóneas posible para poder hacer algo, sin más dificultades en su desarrollo que las propias de ese mismo desarrollo.


Desde que aprendí a hacer carnaval (o algo parecido al carnaval, que todavía no sé), aprendí que la mejor manera de escribir y componer un repertorio era a partir del personaje que iba a representar e interpretar la agrupación (en realidad, desde que empecé me limité a hacer lo que se suele hacer en todas las otras artes escénicas: crear personajes y una trama alrededor de ellos que poder desarrollar sobre un escenario). Y es que no hay manera más divertida (y realmente efectiva) de hacerlo: impide que el ego prevalezca sobre el mensaje, y el mensaje se hace tan atractivo que parece que es el mismo personaje quien te dicta la letra y quien te sugiere la música y cómo interpretarlas. Así que el repertorio es un valor en sí mismo: con el repertorio, se actúa, se pasa a la acción. Y, por eso, no se trata solamente de un valor estético, sino ético también: el carácter del personaje presenta su aspecto y condiciona el repertorio en todas las posibilidades posibles. Y un repertorio, confeccionado bajo la piel del personaje, se asemeja mucho lo que es el Carnaval de Cádiz. Ya que, si el Carnaval de Cádiz es la voz del pueblo de Cádiz, el personaje es la voz del repertorio. Y si el repertorio lo escribe un autor y lo compone un músico y lo interpreta un grupo, entonces es el personaje el que está sobre el escenario o en la misma calle, más que el autor, el músico y el grupo, aunque provenga de ellos, pero como creación: una creación es algo nuevo que toca la realidad, algo que no estaba antes ahí pero que ahora sí está. Si en adultos es así, en infantiles y juveniles también: las agrupaciones de chiquillos y chavales llevan repertorios al teatro y a la calle, al igual que las agrupaciones adultas; y, casi siempre, los repertorios se basan en personajes.


Quizás, para algunos (más autorizados o menos autorizados que otros, o más autoautorizados, que son los que gustan mucho de atribuirse logros ajenos para sus propios intereses), eso sería suficiente: que el repertorio hablara a través del personaje que, a su vez, representa las inquietudes de los que escriben, componen e interpretan, pero dándole al personaje una suerte de vida propia... Pero es que, se quiera o no, la cantera actual ha perdido esa espíritu carnavalesco gaditano porque, al mirarse en el espejo deformado (y deformante) de los adultos, hacen lo mismo que han hecho éstos: extraviar el Carnaval de Cádiz en ambiciones mezquinas y mediocres en favor de intereses creados, más propio este extravío de personalidades que de personajes, y si es así, de ahí la calidad cada vez más deteriorada de los repertorios, deteriorada por alejada, deteriorada por insuficiente y, en el mejor de los casos, apenas efectiva: un carnaval que no toca la realidad lo suficiente para propiciar el cambio, la mejoría, ya no es un carnaval que se precie por su nombre, aquí y en Pekín (actualmente, las fallas de Valencia son mucho más combativas que el Carnaval de Cádiz).


Hablar es fácil. Preguntar también. Responder, ya no tanto. Porque de tanto hablar, las preguntas no obtienen respuestas, y si las obtienen, no se escuchan entre tanta cacofonía. Así que mejor responder pasando a la acción: la respuesta es la pregunta en acción, lo que la acción consiga, será la respuesta a la pregunta. Y si los repertorios no están a la altura del carnaval para los que se suponen que se crean, habrá que hacer acciones de forma paralela que propicien crear las condiciones necesarias para que mejoren esos repertorios. Y al pasar a la acción, autores, músicos, directores, grupos y representantes legales (más todo aquel que de verdad le duela todo esto), se transforman en una fuerza viva, activa. Quizás, esta fuerza viva, activa, produzca mejores personajes que inspiren mejores repertorios y así, la voz del pueblo de Cádiz se alce a través de su mejor altavoz: el Carnaval de Cádiz, el crisol de sus sueños, sus deseos y sus realidades. Porque lo que valió en el pasado (que valió, y mucho), bien puede valer para el presente. Y si vale para el presente, valdrá para el futuro. Así que, por favor: menos hablar y más hacer. Si te duele todo esto como ya nos duele a algunos, que ya estamos pasando a la acción, crea personajes que te inspiren repertorios: alza tu voz pasando también a la acción. ¡Crea!


Juan Pinto


OPINA SOBRE ESTE ARTÍCULO





Distinguido Asociación de la prensa de Cadiz InfoCadiz Premio Gaditanos del año en la cadena Onda Cero
Distinguido por la Asociación de la Prensa de Cádiz Dl Creaciones Premio Gaditanos del Año de la Cadena Onda Cero