Carnaval de Cadiz

Desde la otra orilla atlántica


Un encuentro de carnavales... y de amigos
La gaditana que volvió


La historia de la murga uruguaya siempre ha contado desde el inicio sobre sus orígenes gaditanos, ya irrefutables. Ya habrá también oportunidad de comentar lo que nos dejó el Primer Encuentro Iberoamericano de Carnavales, a la luz de los hechos, en cuanto a cultura, organización, intercambio, etc.


Me interesa fundamentalmente para este primer contacto plasmar claramente lo que nos dejaron nuestros amigos gaditanos, desde sus diferentes roles pero dentro de una misma amabilidad y cordialidad. Tuve el honor de que me visitara mi amigazo Juan Pinto, con todo su caudal de conocimiento musical, carnavalero y con su mochila llena de amistad. También quiero destacar el haber conocido a Eugenio Mariscal, a José Antonio, Carmen, Antonio Montiel, Kiki, que realmente me hicieron sentir como si los conociera desde siempre.


Un punto aparte en este principio para la chirigota Las Muchachas del Congelao, que han sabido hacer las delicias del público de mi ciudad. Donde fueran, por variado que fuese el ámbito (teatros, boliches, tablados de barrio, escenarios) lograron comprar a grandes y chicos, a la vez de hacerse cómplices de la gente en un espectáculo interactivo y por demás disfrutable.


La relación del conjunto en general y de las intervenciones habladas de Antonio, fueron muy festejadas por los vecinos montevideanos que captaron las posturas artística y de crítica de la chirigota, quizás rememorando con una pizca de nostalgia las mejores exposiciones de nuestras propias murgas en cuanto a crítica y vuelo poético conjugados.


Después de tanto tiempo el aire de la gaditana volvió a sobrevolar por Montevideo; moderna, explosiva, alegre y contagiosa, dejando una vez más su huella. La relación que generaba con los niños y todo el público en los tablados de barrio era tan horizontal como en el teatro o en los boliches céntricos. La disposición de sus componentes para compartir momentos de charlas con los vecinos -curiosos y agradecidos- que se acercaban a felicitarlos por la entrega artística fue notable.


Nuestras murgas dejan al marchar la “eterna promesa de volver” que queda guardada en el pueblo, en el eco de cada retirada que se evoca en coros de amigos, en las esquinas del barrio. La sensación en cuanto a esta chirigota y a través de ella a sus compañeras gaditanas, era que subía desde la platea hacia las tablas, la energía de la seguridad de que serán siempre bienvenidos.


José Arisi


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