Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


Vanguardia y experimentación


(Antes de leer: este artículo no ha sido escrito para todo aquel que 'padezca' de pereza de pensamiento, ánimo y acción –porque es que este artículo, literalmente, es un insufrible coñazo–; más bien al contrario, ha sido escrito para que lo lean los que 'sufren' de curiosidad e inquietud. No obstante, este artículo es susceptible de ser leído por cualquier lector que quiera leerlo, ya sea desde la afinidad, la indiferencia o la anidmaversión... o cualquier otro punto de vista insospechado... o tal vez desde todos los prismas al mismo tiempo si el lector está 'aquejado' del 'todo vale'.)


Cuando Herbert Marcuse, filósofo, habla del arte y centra su discurso en Bertolt Brecht, dramaturgo, lo hace en la necesidad de hallar un medio que distancie al hombre del dominio que la sociedad moderna ejerce sobre el hombre, y ese camino pasa 'por los esfuerzos de la vanguardia para crear un distanciamiento que haría la verdad artística comunicable otra vez' (Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, pág 96). Y es que Marcuse pensaba que las necesidades naturales del hombre (cuya máxima necesidad natural es la libertad, añadía) ha sido alienada en las necesidades artificiales creadas por la sociedad capitalista, en sus modelos, todos creados por el capitalismo y no por el individuo (aunque haya habido 'individuos' detrás de tales creaciones). Pero como el capitalismo aprieta pero no ahoga, ha permitido cierta libertad parcial al hombre, la del erotismo (Herbert Marcuse, Eros y la civilización), la de la sexualidad, que hoy en día se traduce en, por ejemplo, la tolerancia gay, entre otras cada vez más alcanzables o, al menos, más sujetas a la permisividad que antes... Y se trata de una libertad parcial porque se reduce la misma a lo que Marcuse llama la 'genitalidad', es decir, en otras palabras, eres libre de acostarte con quien quieras, pero solamente ahí eres libre, porque si Marx decía que el cuerpo del hombre se alienaba en el trabajo, Marcuse pensaba que es el cuerpo del hombre lo que el capitalismo ha alienado, salvo en su genitalidad (Michel Foucault será uno de los pensadores posteriores a Marcuse que tomarían el testigo en esta misma línea de pensamiento, entre otras afines y divergentes).


¿Y qué tiene que ver el arte con todo esto? Pues al menos la mitad, porque es en el arte donde el hombre, desde el principio, se ha evadido de la realidad impuesta por otros hombres. Marcuse, en este sentido, no es optimista, porque piensa que la sociedad moderna ha anulado del todo toda posibilidad de evasión humana de la misma, incluso en el arte, ya que, tarde o temprano, todo movimiento de vanguardia y experimentación es asimilado, de una u otra forma, por el sistema, y esto lo hace, entre otras estrategias, a partir de la mercantilización y la promoción mediática además de, en los últimos tiempos, la institucionalización del mismo. Es decir, en otras palabras, el estado y los mercados se adueñan de la libres creatividad y experimentación de los individuos libres, tanto de los creadores como de los espectadores; ejercicio de libertad que es totalmente 'corporal', es decir, integral: lo que se ha llamado mente, cuerpo y espíritu desde Platón hasta la fecha, posibilita y participa como 'uno' en la vanguardia/creación/experimentación (esa libertad parcial de la genitalidad se amplía aquí en la libertad, necesidad natural en el hombre).


¿Y qué tiene que ver todo esto con el Carnaval de Cádiz? Pues también la mitad, si partimos que el carnaval también es arte: necesita de la música, de la literatura, de la interpretación, del vestuario, de la escenificación; es decir, integra, como mínimo, cinco artes en un solo arte, el carnaval, en nuestro caso. Y como todo arte, viene acompañado también de una estética. ¿Y qué es la estética en el arte? Su filosofía. Para entendernos: el Carnaval de Cádiz también tiene su propia filosofía, su propia estética si se prefiere, matizada pero enriquecida por la filosofía que todo implicado en el Carnaval de Cádiz tiene por sí mismo sobre ello, como individuo, como hombre, como mujer, como joven, como niño... Y si hacemos caso del pensamiento de Marcuse al respecto, notaremos que el hecho de que cada individuo tenga su propia filosofía del Carnaval de Cádiz (que es nuestro caso en particular pero que sigue formando parte de otros casos particulares en el mismo movimiento, en la misma tendencia naturalmente humana, la de la libertad), hace que haya individuos más 'asimilados' que otros. Y ahora es cuando toca hablar de la vanguardia y la experimentación...


El Carnaval de Cádiz siempre ha sido 'atacado' por la experimentación y la vanguardia. Y ya desde su origen: El Tío de la Tiza cambió un cante de ida y vuelta, la habanera, y la transformó en el tango del Carnaval de Cádiz. ¿Y cómo lo hizo? De la forma más sencilla posible: doblándole la velocidad, el tempo, y transformando el 6x8 original de tempo lento en un 2x4 de tempo alegre (quién sabe, a lo mejor hizo eso porque necesitó de más pasión todavía, pasión que quizá veía en la gente cuando paseaba, y quiso, tal vez, devolver la pasión a esa gente en forma de músicas y letras, cantables y bailables por esa misma gente). No es difícil imaginar que habría más de un 'purista' que lo pusiera de vuelta y media por su 'atrevimiento'... Como todavía ocurre ahora.


Los músicos del Carnaval de Cádiz original eran eso mismo: músicos (sí, los de partituras y atril). Y en los grupos de las primeras comparsas (sí, comparsas, que no coros), había de todo: desde el iletrado hasta el músico profesional. Y puede que entre personal, un 'loco' creara la murga. ¿Cómo lo hizo? Quizá diciéndose a sí mismo: '¿Qué pasaría si...?' Y del dicho pasó a la experimentación, y de la experimentación al hecho. Ni que decir tiene que también lo pondrían de vuelta y media, y seguramente las críticas más duras provendrían de los primeros vanguardistas y experimentadores... Como todavía ocurre ahora.


Y cuando las comparsas se hicieron más numerosas en cuanto a sus integrantes, quisieron diferenciarse del resto porque sonaban ya como sonaban las corales de esos tiempos, y tal vez por eso nació el coro tal como lo entendemos hoy día... Obviamente, los que siguieron como comparsas pusieron de vuelta y media a los disidentes vanguardistas y experimentadores (aunque yo añadiría: circunstanciales). Como todavía ocurre ahora.


Y cuando otro músico, Paco Alba, empezó a hacer chirigotas 'menos graciosas' y comenzó a escribir letras 'más finas' y músicas 'más dulces', pues para que pudiera ser absorbido por el dominio del sistema, lo asimilaron tanto la institución como los espectadores, y el gobernante vencedor e iluminado lo llamó 'comparsa' (que no era una invención, sino que ya existía antes, pero no de la misma forma). A Paco Alba también lo pondrían de vuelta y media... Como todavía ocurre ahora.


Y surgieron imitadores que fueron conformando el rico abanico de la comparsilandia de los 70 y los 80, su mejor época...


La chirigota también tuvo su vanguardia y experimentación, al igual que el cuarteto (de las parodias rimadas a las parodias 'teatradas', por ejemplo): desde 'Los Cruzados Mágicos', hasta las primeras chirigotas del Yuyu, Selu y Erasmo, hasta esas chirigotas de hoy, algunas 'clásicas' y otras 'modernas', y entre ellas, tal vez las nuevas generaciones... 'posmodernas'. Como todavía ocurre ahora.


Y tras los imitadores de la comparsilandia con el aislado episodio de los 90 de 'la nueva comparsa', llegan dos: el callejero y el guerrillero. El callejero tiene un precedente en el teatro: 'Los Astronautas Españoles' (el callejero admira a esa chirigota desde por lo menos 'Los Cubatas', si no antes; pero también a Cañamaque y sus murgas) y sigue la estela porque le apetece, así de sencillo, pero la sabe transformar: el hombre se naturaliza en la 'transgresión', siguiendo el pensamiento de Marcuse. Los más jóvenes llaman al callejero 'chiriparsa'. Otros, ya no tan jóvenes, lo equiparan a las murgas del Carnaval de Montevideo. El callejero es el callejero: sólo se ha paseado por el teatro, ¡y cómo lo ha hecho! Seguro que crea escuela... Al igual que el guerrillero, con todo su saber volcado en su pueblo (el 'yo' se 'universaliza' en el 'ello', en términos freudianos). Y entre ambos, grandes hacedores de presentaciones y popurrís, y grandes servidores del sistema y propagadores de sus falacias en pasodobles y cuplés... Las críticas destructivas de origen conservador al callejero y al guerrillero han sido, tal vez, de las más duras que un vanguardista y experimentador haya tenido que sufrir si experimenta su vanguardia en el Carnaval de Cádiz 'oficial' ('la calle' ya es otra cosa distinta, pero tampoco consiguen escapar los más vanguardistas y experimentadores de la 'asimilación'). Como todavía ocurre ahora y ocurrirá mañana.


¿Y que nos deparará el devenir? ¿Que nos mostrará el mañana? Depende del hombre mismo su futuro como hombre...


Y, no sé, puede que Marcuse tenga razón (aun desoyendo a Bertolt Brecht) y uno no pueda escapar de los dominios que le han impuesto desde el nacimiento hasta la muerte. Pero cuando se le da vueltas en la cabeza al problema y el resto del cuerpo se inquieta, quizá se dé con la solución y se posibilite las puertas de la evasión y la realización de la libertad, la más natural necesidad del hombre... Y cuando eso ocurre, el cuerpo se alegra.


Una propuesta final: ¿Y si se pudiera romper 'el carácter cíclico del tiempo'?


Juan Pinto


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