Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


¿Que qué? ¿CCX? ¡Corta la emisión!


Érase una vez, cuando el carnaval no se llamaba carnaval y transcurría en mayo en vez de en febrero, había unos señores grises de bigote gris a lo Paquito, atrofiados en cubículos que olían a polvo y humedad, que te tachaban las letras de carnaval como si fueran esos maestros carcas y severos que te suspendían, ya no porque tuvieras faltas de ortografía, sino por ‘mala conducta’. Pues bien, de igual manera, se podría considerar ‘mala conducta’ que un autor escribiera lo que pensaba de tal o cual cosa en cualquier momento y encima lo cantaran un grupo de hombres, la mayor parte de ellos trabajadores con demasiadas horas de trabajo muy mal pagadas. Esos grises señores de bigotes grises, húmedos y polvorientos, eran los censores, y lo que hacían tachando las letras de los libretos de carnaval, censura. Si, con mucho esfuerzo y mucha voluntad, se puede sacar algo bueno de aquello es que lo hacían abiertamente: es decir, en otras palabras, no escondían su franco rechazo a toda libertad de expresión, en este caso, la escrita y cantada.


Pues bien, ahora, con diez años de siglo 21 andados todavía a trompicones, aún existe la censura y, por ende, el censor; lo que pasa es que el censor censura oculto en la sombra y como el no quiere la cosa… Eso fue lo que ocurrió anoche sobre las once y cuarto: el censor ejerció la censura, y lo hizo como el que no quiere la cosa, es decir, oculto en las sombras y amparándose en la posibilidad de un fallo técnico. Quién sabe, puede que tropezara con un cable y se lo llevara de cordón en el zapato…


Lo que pasa que, enemigo censor, te equivocaste de pasodoble. Tenías que haber tropezado con el cable y habértelo llevado como cordón en el zapato en el segundo, no en el primero. Claro, sumarías dos y dos, pero en vez de darte cuatro, te dio tres y tropezaste antes de tiempo. Fuiste astuto como un zorro (o como una zorra), pero hasta el granjero más torpe sabe que un zorro (o una zorra) merodea su granja cuando cuenta las gallinas y comprueba que le falta una…


Tal vez, enemigo censor en la sombra, pensaste, cuando descubriste tu error, que podrías, no sé, tropezar otra vez con el mismo cable y llevártelo otra vez de cordón en el zapato. Seguramente la tentación te sedujo durante unos segundos. Pero claro, ya sería demasiada casualidad tropezar dos veces con el mismo cable y así, se te vería totalmente el plumero (se te ha visto parcialmente, que el gaditano tiene la vista rápida, ¿sabes?, y cuando suma dos más dos, le sale cuatro)… Así que al final no pudiste evitar que los espectadores vieran y escucharan el segundo pasodoble, ni tampoco poner en medio otro de tus anuncios, todos muy parecidos, en los que vendes tu Cádiz amable, afirmativo y feliz, que digo yo que será tu Cádiz, porque el mío y el de muchos (entre ellos, los del CCX) me parece que no.


Para finalizar, un matiz, enemigo censor en las sombras, tropezador de cables para atar tus zapatos: una cosa es la astucia (tanto del zorro como de la zorra) y otra cosa es la inteligencia (más propia del hombre y la mujer). Ante la inteligencia, enemigo censor, tu astucia de la casualidad no tiene nada que hacer… Y mucho menos cuando la inteligencia se expresa libre.


Juan Pinto


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