Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


Otro número de pan y circo


¡Señoras y señores! ¡Madame et monsieur! Ladies and gentleman! ¡Pasen y vean! Marea... ¡viva! Pero antes, le agradeceremos a la diosa Luna que le haya dado por asomarse un poquito más cerca de nosotros que de costumbre...


Y es que eso es lo que realmente ha pasado, que la luna está un poco más cerquita que de lo que es habitual en ella. Naturalmente, eso es lo que ha pasado... y poco más. Porque la marea no es tan grande como se ha vendido en estas últimas semanas. Porque la marea no es tan viva, aun estando siempre viva en un planeta todavía vivo a pesar del hombre (sólo hay que ver lo que está pasando con las seis centrales nucleares del norte de Japón: vaya, por una vez pasa en el norte y no en el sur).


Y es que en septiembre, los que vivimos a menos de cinco minutos de La Caleta, hemos visto mareas más grandes, tanto que en bajamar la playa de La Caleta es un hilo de plata quieta, como un pequeño río adentrándose en el océano, y en pleamar el hilo es de oro porque es la franja de arena que queda... Pero en septiembre, y no en este 19 de marzo de 2011...


Y me ha despertado el ruido de muchísmos motores, y cuando me asomé se trataba de casi una caravana de coches que, tal vez, iban a aparcar en Gadir, o eso creían tal como le han vendido la moto en estas últimas semanas (por cierto, si se hubieran visto los techos de Gadir, seguramente la alcadesa se las hubiera apañado para conservar la bajamar para montarse otro aparcamiento en la sumergida ciudad fenicia, que tan omnisciente y omnipotente es nuestra alcalda).


Y cuando bajé, me encontré a una multitud de variopintos acentos, casi todos con cámaras en ristre (y alguno llevando hasta el trípode que, por poco, no se llevan hasta el estudio encima), invadiendo el Campo del Sur, La Caleta (lo único verdaderamente hermoso es el tan destacable color marrón de las piedras sobre el desvaído azul de la mañana, que ha amanecido soleada; pero ese marrón tan precioso es el de esos musgos y líquenes parásitos que produce el gasoil de los barcos y que, todo aquellos que han invadido las piedras, espero que hayan llevado puestos los gargajillos, porque me da a mí que hoy van a estar las salas de urgencias llenas de gente con muchísimos cortes y magulladuras en el cuerpo), La Alameda, pasando el parque Genovés de largo que no está para muchas visitas, y para de contar, porque ya me aburrí, ya me cansé de tanta novedad en algo tan natural que es casi como todas las mañanas, porque es que en septiembre es cuando sí se dan las mareas más vivas del año.


La verdad, lo que más me sorprende no es la marea viva, sino más bien los vivos que nos marean: todo ese bombo que se le ha dado durante las últimas semanas en la radio, en la televisión y en internet... ¿Será que interesaba esta distracción? ¿Será que en las próximas semanas nos la volverán meter doblada a los gaditanos? ¿O es mucho más que eso, y resulta que lo de las centrales nucleares japonesas pronto nos va a afectar también a nosotros por no sé qué recóndita ley de la física? ¿O será lo que está pasando de verdad en Libia? Sea lo que sea, la cosa es que acabamos de presenciar otro número más de este pan y circo que es Cádiz...


¡Hasta la próxima, señoras y señores! ¡À la prochaine, madame et monsieur! ¡Until the next, ladies and gentleman! No olviden llevarse las cáscaras de pipas y los envoltorios de los caramelos, que con la crisis está la cosa achuchá... O mejor déjenlo todo ahí, que a las tres llega la pleamar y va a arrasar con todo...


Juan Pinto


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