Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


La belleza


Cada vez que alguien ningunea una propuesta carnavalesca que se sale de lo que vaticina ‘carnaval’, me rechinan los oídos. Le miro a los ojos, y lo que veo es oscuro, muy oscuro, húmedo, muy húmedo, polvoriento, muy polvoriento...


Quizás, los que se vanaglorian de escribir contra el pensamiento único, no se coscan de su fundamentalismo carnavalesco gaditano, su chauvinismo a ultranza, fronterizo a más no poder, tanto que incluso ponen fronteras a la creatividad, a la espontaneidad, a la frescura, a la imaginación... A la belleza, en definitiva.


Porque, al fin y al cabo, el carnaval es arte, en Cádiz y en Marte. Y todo arte, desde el más condescendiente al más enigmático, es belleza.


Por eso, porque el carnaval gaditano es arte y, por ello, belleza, no me queda otra que me rechinen los oídos cuando oigo que el ‘carnaval es más sencillo que todo eso’ y atacan la creatividad, ya no sólo de los autores, ideólogos de la agrupación, sino de los artesanos que también aportan lo suyo a su estética, a su filosofía de arte. Que si visten la verdad desnuda de las voces, del repertorio, que ‘debería’ ser cantado a palo seco, como antes...


Si todos pensáramos igual, el popurrí del coro de Fali Pastrana no valdría todo el esfuerzo y la dedicación que le han puesto, siendo una obra maestra, artística a más no poder, bella hasta la extenuación. Y podríamos seguir con muchas agrupaciones que arriesgan en todos los sentidos, con ideas como la de ‘OBDC La Vida Es Bella’, entre otras, que no huelen a raíz, a humedad, a polvo,... Que no ponen fronteras a la creatividad, ingrediente esencial del ejercicio artístico.


Y que conste que para mí todo es válido, desde el que va desnudo hasta el que va vestido: si es bueno, independientemente de lo que traigan, bueno es. Porque, siendo bueno, es bello, arte en sí mismo. Y es verdad que en Cai hay mucho arte. Pero también hay mucho fundamentalista, mucho chauvinista, lleno de prejucios, prejuicios y prejuicios.


Pero, a pesar de tanta intolerancia a la creatividad de una obra carnavalesca gaditana que se salga de ‘lo gaditano’, el creador seguirá creando belleza porque, al fin y al cabo, los árboles también mueren, sus raíces se pudren, incluso aunque las hayan quemado antes, mucho antes.


Juan Pinto


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