Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


Difamación e injurias


Parece ser que la noche del viernes 1 de octubre fue "la primera noche de los cuchillos largos" del concurso de 2011. Y esta vez no fue entre integrantes de agrupaciones frente al juicio de cinco personas en la umbría del palco. No, esta vez, se quiso "linchar" de alguna manera, ya no a la labor, sino a la persona del representante de eso que llaman "cantera" en la directiva de la AACC (Asociación de Autores del Carnaval de Cádiz), como si esa persona fuera la causante de los que, legítimanente (pero muy subjetivamente y por intereses, a mi parecer, bastante equivocados), consideran que debe haber integrantes de agrupaciones juveniles con dieciocho años ya cumplidos durante el concurso. Pues me parece, amigos, que habéis equivocado, y mucho, la diana de vuestros dardos, aunque habéis herido, y mucho, la moral de ese autor de juveniles e infantiles que, además, es vuestro representante en la directiva de la AACC, que es solamente una quinta parte del Patronato, así que no culpéis a una quinta parte de la totalidad que decide cómo será vuestro concurso. Y, para evidenciar más vuestro error, resultó ser una errata de imprenta en las bases del concurso para las agrupaciones juveniles: pusieron un año menos en vez de un año más como límite, que eso era lo que esperábais desde el principio. Subsanada la errata, ahora solamente os queda que, públicamente, os disculpéis con vuestro "cabeza de turco", porque al igual que nos ufanamos cuando acertamos, deberíamos de disculparnos cuando nos equivocamos, y sobre todo por tamaña equivocación: ni todas las disculpas del mundo que vengan de vuestra parte podría borrar de un plumazo el mal rato que hicísteis pasar a ese joven compañero (sí, compañero), compañero en músicas, letras y afinación, compañero en trabajar con y para eso que llaman "la cantera".


El hecho vergonzoso (por no decir otra palabra más grave) no es que protestéis: es legítima la protesta, aunque en este caso equivocada, según mi punto de vista que posteriormente revelaré. Sino que aprovechéis vuestra más que entendible indignación por haberos considerado engañados en la edad límite de las agrupaciones juveniles a causa de tal errata (hasta que no supísteis que fue una errata, no sabíais ni quisísteis saber que fue una errata), posible fruto de la indiferencia de los redactores de las bases tal vez, para atacar la "intimidad" de un compañero, que encima os representa (más en lo beneficioso que en lo perjudicial, por mucho que sostengáis algunos que no es así) en vez de dedicaros a averiguar por qué se ha cambiado la edad límite máxima en la categoría juvenil. Obviamente, no todos han caído en esa cobardía de la difamación e injurias a un compañero, intentando crearle una "intimidad" que nada tiene que ver con él (en esto, pongo la mano en el fuego porque lo conozco desde hace casi doce años, y para mí no es un simple conocido, sino un más que buen amigo). Pero está claro que en las redes sociales, y tras la máscara del nick, se ha incurrido en el delito (sí, delito) de difamación e injurias. Es bastante rastrera esa manera cobarde y ruin de deslegitimar la labor de un compañero en estas lides de músicas, letras y afinaciones en eso que llaman "la cantera". Dice mucho de cierto sector de "canteranos", y eso mucho que dice, la verdad, no es pero que nada beneficioso, sino más bien perjudicial. Evidentemente, no se puede generalizar a todo el conjunto de la categoría (tanto autores como integrantes) como perjudiciales para ellos mismos y para su imagen pública porque haya un cierto sector, bastante interesado por otra parte, en reventarlo todo si no se salen con la suya. Esta matización hay que tenerla pero que muy en cuenta: son pocos los que perjudican y muchos los que benefician al carnaval gaditano con la propia existencia y asistencia de las agrupaciones infantiles y juveniles. Así que ningún listillo enfermo ("enfermo" es un vocablo cuya etimología es hebrea, y en su raíz etimológica significa literalmente "sin proyecto") de prestigio y experiencia quiera eliminar lo que, incluso a su pesar, sigue alimentando los carnavales gaditanos: eso que han llamado "la cantera". No se trata de eso, y sí de darle, desde un más que glorioso pasado y un más que decente presente, posibilidad del mejor de los futuros posibles.


Yo, personalmente (a partir del conocimiento obtenido por mi propia experiencia como autor y afinador durante quince años), disiento de esos "dieciochoñistas" que defienden su participación en el concurso de la categoría juvenil. Y mis motivos son muchos y tienen que ver con los argumentos que esgrimen los defensores de incluir a jóvenes adultos codo a codo y hombro a hombro con chavales. El principal argumento que esgrimen es éste: "Incluir a mayores de dieciocho años incrementaría la calidad de las agrupaciones juveniles". Eso, sencillamente, es una falacia. Y es una falacia porque no se sigue de ninguna manera (aunque haya ciertos casos en los que sí) que la edad tenga que ver con la calidad: si eso fuera así, todas las agrupaciones adultas serían mejores que todas las agrupaciones infantiles y juveniles, y en la realidad eso no es así. Sí que podría considerarse que en la mayoría se cumple eso, pero la mayoría no es la totalidad, al igual que la minoría tampoco es la totalidad. Que haya alguna agrupación juvenil que suene mejor que otras porque sus integrantes estén todos muy cercanos a los dieciocho años, no implica necesariamente que el incremento de edad tenga que ver con el incremento de calidad. Eso sería si, en un mundo ideal, todos aprendieran exactamente lo mismo en el mismo período de tiempo, y eso, en el mundo real, no es así. Simplemente porque cada uno es un mundo, es decir, si todos fuéramos esponjas, no absorberíamos la "misma" experiencia exactamente igual, porque no a todos nos mueven los mismos intereses ni todos tenemos la misma percepción: hay chavales que aman el carnaval por sí mismo y por sí mismos, y hay otros chavales que dicen que aman el carnaval pero solamente aman ganar en carnaval. En los adultos, también sucede exactamente lo mismo.


Otro argumento que esgrime es el de la amistad. Éste es el argumento más antiguo en eso que llaman la "cantera". Y suele basarse en casos particulares y no generales. Hay grupos juveniles cuya edad se acerca más a los dieciocho años que se aleja: en otras palabras, si ahora la edad está entre los quince y dieciocho años, hay grupos que no aprovechan ese margen de edad y todos sus integrantes tienen entre diecisiete y dieciocho años. Y esgrimen que si se limita la edad a diecisiete años, "medio grupo" no puede salir, y ahí "se rompe la amistad", como si la amistad tuviera que ver directamente con el grupo carnavalesco en cuestión (si nace en él, podría pensarse, pero romper el grupo no implica necesariamente la ruptura de la amistad). Lo que quieren, en realidad, es ganar siendo amigos, así que anteponen la ambición, tanto personal como colectiva, sobre la tan cacareada amistad. Si de verdad la amistad fuese lo más importante para ellos, se irían todos a adultos: perderían, pero no "perderían" la amistad. Así que "romperse la amistad" no es un argumento convincente, por lo refutable que es.


Por último, otro argumento es que "es muy difícil encontrar guitarras" y por ello recurren a mayores de edad, como si tocar la guitarra se comenzase forzosamente a los diecisiete o dieciocho años... Cuando yo comencé en infantiles, allá por 1984, cuando me faltaba un guitarra, hacía un guitarra: lo enseñaba yo mismo (el caso de Serafín, por ejemplo, que aprendió a tocar la guitarra carnavalescamente hablando en los dos meses que ensayamos "Príncipes Malayos", y Serafín cumplió catorce años en el concurso). Pero, claro, enseñar a uno de los componentes para que sea guitarra de la agrupación implica esfuerzo, y eso ni se lo plantean algunos, acostumbrados a que se lo den todo, desde la familia y desde la institución educativa y reflejan ese recibir a cambio de nada en el carnaval y su concurso. El esfuerzo ha sido abolido del aprendizaje (algo de lo que ya nos estamos lamentando). Y eso que llaman "cantera" es un aprendizaje, y para más inri, popular, algo mucho más cercano que lo institucional de la familia (sólo en su aspecto como institución) y el colegio. Y la mediatez de la televisión también tiene su culpa: en la televisión se premia al trepa y se castiga al esforzado: se premia la debilidad y se castiga la fortaleza. Yo la llamo la "educación para la competitividad" donde se premian más las malas artes que las buenas artes (por eso no es de extrañar que tras la máscara del nick se difame e injurie, se invente, la intimidad de un compañero). Y esa misma "educación para la competitividad" es la responsable de que se ambicione ganar a toda costa; un ejemplo, real, os ilustrará mejor sobre esto: conozco a un chico apenas catorce años que quiere ser letrista de carnaval; es pura ilusión y yo lo animo a que lo sea; pues bien, le dijo, delante mía, a un amigo suyo de doce años, gordo, si saldría en su chirigota ya para el 2012 (sale en una chirigota infantil este año y yo le dije que sería bueno que aprendiera de la experiencia); el amigo le respondió: "Yo solamente saldría si ganamos un premio y si ganamos dinero". Más claro, agua...


Volviendo al tema principal de este artículo, habéis equivocados la diana para arrojar vuestros dardos, vosotros, cobardes enmascarados tras el nick de las redes sociales. No es vuestro representante en la AACC el culpable de esa errata. Y sí lo es la indiferencia con que el Patronato "organiza" vuestro concurso. Así que los dardos a otra diana, por favor. Lo único "imputable" a vuestro representante en la AACC es que, de alguna manera tal vez inconsciente, su papel es semejanza (¡ojo!: la semejanza no es el hecho) al del títere. Por otro lado, es pero que muy difícil luchar contra tanta indiferencia "adulta" sin literalmente apoyo de vuestra parte, que sois los partícipes del concurso y, en última instancia, gracias a vuestra participación, cómplices de la indiferente organización de vuestro concurso. Sí, amigos, vosotros también sois responsables de lo que está sucediendo con eso que llaman "la cantera". Simplemente vais a salto de mata: reaccionáis cuando pensáis que se "vulneran" vuestros derechos a participar en el concurso, incluso siendo ya mayores de edad. Es decir, en otras palabras, en lo que respecta a eso que llaman "la cantera", sois reaccionarios. Simplemente, reaccionáis. Pero no aportáis nada, nada más que vuestra reacción particular en el momento que os sentís atacados, ofendidos y estafados. No sois capaces de proyectaros al futuro a partir del presente y del pasado. Claro, normal, muchos de vosotros, los que ahora reaccionáis, estaréis "triunfando" en adultos, que es lo único que realmente os interesa. Al carnaval, al concurso y a eso que llaman "la cantera", que les den...


Por ello, y por los que se quedarán atrás cuando os "adultéis", deberíais crear vuestra propia asociación. Y con ella, ya no dejaréis vuestra lucha en manos de "adultos", exclusivamente interesados en su concurso "adulto". Ésa es mi propuesta: cread vuestra propia asociación. Pero no solamente para que miréis por vosotros mismos sin ayuda de nadie, sino para tener voz y voto sobre vuestro concurso en el Patronato: espacio final donde se negocian todas las propuestas, no volváis a olvidarlo (sí, seréis una sexta parte, pero una sexta parte siempre es mejor que nada). Mirad, en el Carnaval de Uruguay, el Carnaval de las Promesas (equivalente a vuestra "cantera") tiene su propia asociación, independiente de la de los adultos. Y, de hecho, tiene su propio concurso, independiente del de los adultos. Y, para más inri, tiene su propio carnaval, independiente del de los adultos. Con esto no os estoy diciendo que copieis el modelo, pero sí que os fijéis que si uno no lucha por sí mismo y por sus propios intereses, nadie lo hará por él: "Si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo", dice un refrán. A mí, lo que más me gustaría, es que el Carnaval Infantil y Juvenil fuese eso mismo, el Carnaval Infantil y Juvenil, y no una copia exacta pero en miniatura del Carnaval de Adultos, tanto en sus virtudes como en sus más míseras miserias: la ambición a costa del compañero, la ambición del dinero, la ambición del premio, la ambición del poder... Pienso que ya es hora de crear nuevos valores carnavalescos y de recuperar valores carnavalescos antiguos como, por ejemplo, que "el carnaval es la voz del pueblo cuando el pueblo canta con su propia voz". Sí, me diréis que es "demasiado complicado", y lo es. Por eso es necesario que cambiéis vosotros mismos ("la revolución comienza en uno mismo") antes de reuniros para mirar por vuestro futuro a partir de vuestro presente y del pasado de otros: eso que llaman "cantera" siempre ha estado luchando. Partiendo de que el carnaval es una lucha, solamente os queda aceptarla para que, a través de ella, consigáis el respeto y consideración que os merecéis, ya no sólo como actores de vuestro propio carnaval, sino como creadores y pensadores del mismo.


Y, para finalizar, tras mi propuesta lanzo mi visión del carnaval más joven, a modo de manifiesto si queréis: idealmente, el carnaval más joven debería tener estas edades: infantiles (de 11 a 13 años), juveniles (de 14 a 16 años). ¿Por qué? Por muchas razones "extracarnavalescas" a partir de mi propia observación (hoy) y experiencia (ayer). He observado que, en eso que llaman "occidente", los niños comienzan a tener conciencia de sí mismos entre los once y trece años, y participar en el concurso infantil requiere de cierta conciencia suficiente de la propia participación en el mismo: cantas letras escritas por gente mayor que tú, vives la música desde dentro y no desde fuera ("interiorización performativa de la música"), y desde esa interiorización musical y textual, desarrollas tu expresión corportal ("externalización del mundo interior"); es decir, pasas de tu ámbito íntimo al ámbito público, de tu entidad a tu identidad. A partir de los catorce años, si has experienciado todo eso en infantiles, comenzarás a sentirte verdadero protagonista de lo que cantas, y tanto es así que incluso algunos de vosotros queréis probaros como jóvenes autores carnavalescos (como el chico al que me referí en un párrafo anterior): comenzáis a tener conciencia clara de que tenéis mucho que decir, que aportar: comenzáis a ser actores y constructores de vuestro propio destino, sea éste el que sea, se bifurque éste como se bifurque en el futuro, pero con la plena conciencia de que es vuestro destino, el que vosotros mismos habéis elegido a través de vuestra conciencia a partir de vuestra experiencia, y no el que otros quieren destinarte, insultando así vuestra creciente libertad de expresión y vuestra ya más que clara libertad de elección, aunque ésta sea tachada de "ambigua" o "voluble" (conceptos en su acepción más peyorativa que esgrimen siempre los que siempre quieren manejar el cotarro o, dicho de otra forma, controlar el crecimiento del árbol desde la raíz). ¿Y por qué hasta los dieciséis y no hasta los diecisiete? Porque la "mayoría de edad" es en realidad una imposición institucional, es decir, externa, convencional, y porque ya a los diecisiete años uno está más que preparado (si ha hecho crecer bien su conciencia, su gnosis, su conocimiento de sí mismo y de su entorno) para "comerse el mundo y que el mundo no se lo coma a él" (poniéndome de ejemplo pero sin que sirva de precedente en ningún momento: a los dieciséis años quise sacar mi primera agrupación infantil, pero no me vi preparado; me llevé un año escuchando cintas de carnaval y a los diecisiete años saqué mi primera agrupación infantil, agrupación que externamente se tradujo como segundo premio de comparsas infantiles del Carnaval de Cádiz de 1984). Obviamente, de mi experiencia "particular" no se puede pasar a la experiencia "general". De la particularidad no se llega necesariamente a la genealización. Y es cierto, al menos sobre el papel. Pero seguro que ahí más jóvenes por ahí que, ya no sólo a la edad que yo lo hice, sino incluso antes (como en el caso de Jesús Romero Ariza), tienen la suficiente voluntad para "comerse el mundo y que el mundo no se lo coma a él".


Evidentemente, pero siempre momentáneamente, tengo que aceptar que los juveniles vayan al concurso con dieciocho años cumplidos en el año que se celebra el concurso. Y también a causa de la normativa (o normalización) institucional española en lo que respecta a la "mayoría de edad", tendría que aceptarlo, momentáneamente, hasta los diecisiete años. Pero eso no me anula como librepensador y libreactor, así que por ello he ejercido (de nuevo) mi libertad de expresión en este artículo. Expresaos libremente en responderlo. Pero os pido un favor: argumentando desde el conocimiento y no opinando desde la ignorancia. Mi intención no es escribir estas palabras y retirarme, sino crear debate: el artículo se enriquecería con vuestras aportaciones. Y solamente responderé a todo joven (o adulto) capaz de trascender la facilidad (siempre prejuiciosa y perjudicial) del insulto y de la opinión para llegar a la complejidad (siempre interactiva y enriquecedora) de la reflexión y la argumentación.


Juan Pinto


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