Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


De gurises y chavales


Aprovecho que los gurises y muchachos del Carnaval de las Promesas uruguayo han pasado su prueba de admisión, o prueba evaluatoria, para escribir sobre ellos. Pero no solamente sobre ellos, sino que también hablaré de los chavales de las Agrupaciones Infantiles y Juveniles del Carnaval gaditano, lo que en los mentideros carnavalescos se llama, acertada o desacertadamente 'la Cantera'.


Antes de meterme a fondo, comentaré que de los 39 grupos presentados a la prueba evaluatoria para el concurso del Carnaval de las Promesas de Uruguay, que comenzará el próximo 26 de diciembre, han pasado esta criba 33, por lo que, a 4 grupos por día (más un día con 5 grupos), hará un total de 8 días de concurso para los más jóvenes del carnaval uruguayo. Comentar también que me sorprende que no pasen la criba más humoristas, comparsas y murgas (las que, personalmente, considero los grupos más representativos de un carnaval, independientemente que sea uruguayo, como es el caso, o gaditano o de donde se quiera) y, en cambio, sí pasen más parodistas y revistas... No sé, me da la impresión que se evalúa mejor lo visual, es decir, la forma de presentar el contenido, que el contenido mismo de los espectáculos (algo más propio de 'lo comercial' que de 'lo artístico'), a tenor de lo visto, oído y conversado cuando asistí a algunos ensayos de los chicos. No obstante, es algo en lo que todavía tengo que profundizar y aprender, ya que se me escapan muchos de los criterios evaluativos aplicados a los más jóvenes carnavaleros uruguayos.


Estuve dos semanas en Uruguay. Semana y media en Montevideo. El amigazo José me llevó en su auto rojo tragakilómetros a muchos ensayos, tanto de mayores como de chicos. Asistí a cinco locales de ensayos de los chicos: vi ensayar dos grupos de humoristas ('Di.Ácaras' y 'Los Chavales', los primeros van a concurso y los segundos no), una murga ('Mano A Mano'), unos parodistas, 'Los Gummy's', y una escuela de samba, 'Terra Nostra', estos tres últimos irán a concursar. Lo mejor de todo fue, entre otras cosas valorables, que el amigazo José, con tino, me llevó a barrios obreros donde ensayaban estos gurises y muchachos de ambos sexos: El Cerro, La Teja, Nuevo París y La Unión (en este último, que visité dos veces en el mismo día, fue donde tuvieron una actuación la chirigota de Cádiz 'Las Muchachas del Congelao'). Y conocí a hijos de papás obreros, a los propios papás y a algunas mamás, una implicación prácticamente familiar en el carnaval uruguayo de los más chicos. Para mí, fue toda una sorpresa (todavía no sé si conveniente o inconveniente) ver cómo casi todo el núcleo familiar se implica en la preparación del espectáculo de una agrupación carnavalesca uruguaya cuyos integrantes oscilan entre los 5 y los 18 años de edad. No obstante, es en la edad donde disiento, no solamente con el Carnaval de las Promesas uruguayo, sino con las Agrupaciones Infantiles y Juveniles del Carnaval gaditano.


Me explico. Así, a bote pronto, me choca ver ensayar a chiquitos y chiquitas de 5 años con jóvenes barbados de 17 o 18 años. Y no solamente allá, en Montevideo, sino aquí, en Cádiz (aunque habría que matizar que aquí el más joven que podemos ver en un ensayo y actuando en el teatro tendría 10 años). Ya no es solamente una consideración estética (anti-estética, más bien), sino física, psicológica y, sobre todo, musical y escénica, es decir, artística. Por ejemplo, a nadie se le escapa que los chicos suelen cambiar la voz entre los 13 y 15 años. Choca bastante en el oído, sea cantado o recitado, las voces de los gurises con las voces de los jóvenes (entre gurises y muchachos, entendiendo gurises menores de 14 años y muchachos entre 14 y 16 años, el choque auditivo no es tan evidente, ya que el cambio de voz puede ser lento, sobre todo en los que la emplea para cantar o impostar la voz teatralmente). Y, para más inri, todavía no ha habido, no hay, ni habrá, alguien que me convenza de que ampliar la edad de los más jóvenes hasta los 18 años 'es conveniente para el espectáculo', allá, y para el repertorio, acá.


Quien me conoce a fondo, sabe de mis ideas. A nadie engaño si digo que soy de ideas libertarias y anarquistas. Además, me considero posmoderno, es decir, no me quedo simplemente en librepensador, sino que llevo ese pensamiento a la práctica, así que además de librepensador soy libreactor, por así decirlo, y cuando tengo ocasión de aplicar mis ideas, lo hago, independientemente de lo convenido por prácticamente el resto de la sociedad, si hace falta. En otras palabras, mi filosofía no se queda en mi cabeza, sino que, cuando la ocasión lo requiere, se transforma en prâxis. Y matizo esto porque ya no sólo veo bien que se amplíe a 18 años (mayoría de edad en ambos países) la participación de los más jóvenes en los concursos respectivos, sino que, si por mí fuese, bajaría la edad hasta los 16 años...


Me explico. A nadie se engaña cuando se afirma que 'la Cantera' ya no es lo que era. Y no voy a profundizar en esta ocasión en aspectos artísticos y estéticos, además de carnavalescos, sino que me quedaré simplemente en la psicología de los chavales. En estos tiempos tan infantilizados y sobreprotegidos, no hay apenas chaval menor de 11 años que se implique con al menos consciencia parcial en llevar adelante una agrupación carnavalesca a concurso o, sencillamente, al carnaval. Obviamente, me refiero a este lado del charco, ya que al otro lado del charco vi niñas y niños menores de 11 años que no desmerecían para nada su participación en el ensayo con respecto a los gurises mayores de 14 años e incluso los muchachos de 14 a 16 y los jóvenes de 17 y 18. En Cádiz, es lamentable decirlo pero hay que hacerlo, las niñas y niños menores de 11 años solamente sirven, 'carnavalescamente hablando', para Escuelas de Carnaval de medio pelo, donde una cuota mensual garantiza, más o menos, su asistencia al 'aula'. Así que se puede entresacar de estas palabras que, al menos para mí, las agrupaciones infantiles del Carnaval de Cádiz deberían ser de 11 a 13 años de edad. Sí, hasta los 13 años, porque siguiendo el razonamiento de párrafos anteriores, si en Montevideo considero un muchacho a un chico a partir de 14 años, en Cádiz también, así que entre 14 y 16 años, agrupaciones juveniles, y así ratifico mi razonamiento de que la juventud (ya adulta) comienza sobre los 17 años, y no naturalmente en aspectos físicos y evidentes, sino idealmente, me temo, en aspectos psicológicos y sociológicos. Se me podría achacar que 'de dónde cogemos los guitarras, pisha'. Muy sencillo. Lanzo esta pregunta: ¿Qué sentido tiene llevar 15 componentes en comparsa, 12 en chirigota y 45 en coros? Además, ¿por qué hay que copiar a los adultos hasta en el número de componentes de cada modalidad? Si faltan guitarras, aparte de incentivar la creación de talleres de guitarra carnavalesca, pues que en las comparsas salgan 2 y en las chirigotas 1 (las orquestas de coro sería caso aparte, porque ya tienen sus Escuelas de Pulso y Púa funcionando y produciendo futuros ejecutantes). Si se bajara, por ejemplo, a 12 el cupo máximo de componentes en las comparsas infantiles y juveniles, habría más comparsas, ya que los componentes restantes se repartirían en otros grupos, y así 'la Cantera' se enriquecería con un mayor abanico de posibilidades en cuanto a calidad y cantidad...


Siguiendo el razonamiento del párrafo anterior, y añadiendo que en Uruguay, país laico (que no aconfesional), los gurises tienen equilibradas edad social, psicológica y física, acortaría la edad superior para participar en el Carnaval de las Promesas a los 16 años, pero, no obstante, llevaría la edad mínima a los 8 años, siguiendo las premisas psicológicas más en boga actualmente que puede resumirse en que un niño comienza su socialización, apartándose así de su creativo e imaginativo mundo interior, a los 8 años de edad en líneas generales (siempre hay excepciones, claro está). No en vano, los 8 años es la edad mínima requerida en un Conservatorio Profesional de Música (al menos en Europa), por ejemplo. De hecho, si me dejo de teorías y me limito a la práctica, no he visto en ningún ensayo del Carnaval de las Promesas, y he asistido a cinco, a ningún menor de 8 años. Cierto es que conocí la excepción de la regla, porque varias chicas y chicos que ya tienen entre 10 u 11 años, comenzaron en el Carnaval de las Promesas a los 5 y 6 años, según me dijeron, y había que ver con qué profesionalidad (sí, profesionalidad) se tomaban el ensayo, digo yo.


No sé a qué mundo nos conducen los que manejan los hilos y todo el cotarro en el que estamos ya inmersos. No sé a qué mundo queremos llegar. Alguno me dirá, y puede que hasta con razón, que para qué comerse el coco tanto por un carnaval participativo, o dos... Pero es que el carnaval, disidente amigo mío, es sinónimo de libertad (sí, de libertad), y si a él aplicamos las sobreproteccionistas reglas del juego de todo lo demás (donde, obviamente, la libertad está excesivamente limitada), pues entonces apaga y vámonos... No obstante, disidente amigo mío, el espectáculo debe continuar...


Juan Pinto


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