Carnaval de Cadiz

Desde esta orilla


Casi como en Honduras


Ayer lo volvieron a intentar. Ayer intentaron derrocar otro gobierno iberoamericano democráticamente constituido. Ayer quisiero echar, a la fuerza, al presidente Correa, elegido democráticamente por el pueblo de Ecuador. Y la excusa, esta vez, fue la de los recortes salariales que el gobierno de Correa (por cierto, economista de profesión) ha tenido a bien hacer a los policías. Y no porque quiera perjudicar a este cuerpo de funcionarios del Estado aunque algunos de ellos se sientan perjudicados, sino porque va buscando acabar con las desigualdades sociales, laborales y salariales de todos los ciudadanos de Ecuador. Pero, claro, alguna excusa hay que buscar, y si además parece basada en una queja legítima, mejor. ¿Pero una queja, por muy legítima que sea, es motivo suficiente para derrocar a un presidente democráticamente elegido por una aplastante mayoría del electorado ecuatoriano? Pues no.


Ayer intentaron hacer lo que en Honduras les salió bien. Pero en Honduras, medio clandestina medio abiertamente, se sigue escuchando la voz del pueblo, es decir, la voz de los ciudadanos que, democráticamente, eligieron al presidente derrocado a la fuerza, la de los militares, que a no sé qué abstracción de Estado sirven, porque está claro que al Estado constituido por todos los ciudadanos hondureños, no sirven. Como la policía quiso hacer ayer en Ecuador... Es muy difícil no sospechar el gobierno de Obama, sí, ese que lo compararon los que solamente viven de esperanzas y no hacen absolutamente nada para cambiar las cosas a no ser esperar, como una suerte de “mesías” negro, a lo Martin Luther King... ¡Habría que verles las caras a los que pusieron sus esperanzas en él viendo lo que está pasando allende las fronteras norteamericanas desde que él fue elegido! Lo mismo que sucedía antes de que fuese elegido...


Esta mañana me he dado una vuelta por internet, para buscar información alejada de la oficial o privada de nuestro Estado español sobre el intento golpista de ayer en Ecuador. Afortunadamente, el golpe ha sido fallido, y han sido los militares (posiblemente, por primera vez en la historia de América Latina) los que han montado toda una balacera con los policías sublevados y secuestradores para rescatar al presidente Correa de su encierro en el hospital. Hoy, el mundo verdaderamente libre, puede respirar tranquilo.


El miércoles estuve en la Huelga General: participé en ella. No porque me achuchara ningún sindicato o ninguna organización que no fuera un sindicato, sino porque quise participar en ella, meterme en la piel de los trabajadores, empatizar con ellos y posicionarme, así, contra todo aquél que quiere aprovecharse del trabajo de los trabajadores. Participé como el hombre libre que soy, como el individuo que soy, pero no por individuo, insolidario. Me solidaricé con ellos. Y grité con ellos estas consignas: “¡PSOE, PP, la misma mierda es!”, “¡CCOO, UGT, la misma mierda es!” Y es normal que me sumara a estas consignas, porque tanto esos partidos como esos sindicatos ya no son lo que fueron hace unos veinte años, cuando en España se caminaba en pos de la libertad, tanto individual como colectiva... Y escribo esto a colación de que si el pueblo hondureño y el pueblo ecuatoriano se juntaran en una “Huelga General”, podrían muy bien gritar: “¡Militar, policía, la misma mierda es!”


En cuanto a mí, yo, la verdad, apenas trabajo. Y si lo hago, es haciendo algo que sé hacer bien: escribir, componer, filosofar y fotografiar. Así que no se me puede considerar un obrero. Pero soy hijo de obrero: mi padre fue estibador portuario. Y me manifesté, desde muy joven, junto a él y sus compañeros hombro con hombro: un estudiante en lucha al lado de un obrero en lucha. Así que era normal que me manifestara hombro con hombro con los compañeros obreros y sindicalistas (aunque con los sindicalistas no esté de acuerdo y mi pensamiento anarquista los considere innecesarios, no en el estado actual de las cosas, sí en un posible estado de las cosas). ¿No es eso en realidad una faceta de las muchas que tiene la democracia, la manifestación? Sí, sé que la democracia ya no es la democracia, sino que ahora es la “democracia”. Ya no es el gobierno del pueblo, sino de los “representantes” del pueblo. Pero mientras yo sea pueblo, mientras los compañeros sean pueblo, iremos devolviendo a la democracia su etimología orginaria... para volver a avanzar a la plena libertad del hombre, su más noble aspiración y que es la que mejor define su propia naturaleza.


He viajado cuatro veces por América del Sur. He estado en Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Uruguay. Sí, he estado en Ecuador. Pasé una semana viajando de sur a norte por ese pequeño país para mi encuentro con el avión que me devolvería a España, avión que me esperaba en Bogotá, capital de Colombia. Y cuando viajo, con mi mochila al hombro, me paro mucho a conversar. Y lo hice mucho en Ecuador. Y, sin pretenderlo, hice trabajo de campo antropológico y social: lo hice a nivel de calle, al nivel del ciudadano de a pie. Y por lo menos descubrí a nueve de cada diez ecuatorianos contentos con su presidente, el señor Correa, porque desde que fue elegido, tomó medidas para mejorar la situación de los más desfavorecidos, aplastante mayoría en toda Iberoamérica. Correa, el mismo que ayer quiso ser ninguneado del ejercicio legítimo de la democracia. Y que, valientemente, dijo que el no negociaba con golpistas. Que antes preferiría morir en ese hospital que morir viviendo... ¡Muy bien, Correa! Eso sí que es un presidente elegido democráticamente por su pueblo engrandeciendo toda la confianza que su pueblo puso en él...


Bien, pues a ver qué nos deparan las letras de carnaval al respecto. ¿Se informarán los autores para tener la objetividad necesaria para escribir un pasodoble o un tango a este tema tan, lamentablemente, actual? ¿O lo harán desde sus respectivas “ideologías”, simplemente opinando como “ignorantes”, como los ignorantes que parecen ser y encima hasta se ufanan de ello? En este concurso pasado, nada escuché sobre el golpe militar de Honduras (y si lo hubo, me lo perdí). ¿Escucharemos algo sobre Ecuador? ¿Seremos “gaditanos”, o seremos “españoles”? ¿Seguiremos tratando a los sudamericanos, un pueblo unido en su clase política en Unasur y a nivel de calle en su idiosincracia mestiza y una más que saludable conciencia política -he participado también de ello-, como “sudacas”? Seguramente, y ésta es mi pena más penosa, mi vergüenza más ajena como gaditano, utilizarán los telediarios públicos y privados para confeccionar sus pasodobles de inercia, pasivos e inútiles, y no de investigación y reflexión, activos y demoledores. Y escucharemos muchas barbaridades a tres voces sobre Ecuador, Honduras y toda Iberoamérica entera, y sobre todo mentiras, muchas mentiras... No en vano, el Carnaval es donde el sujeto se pone la máscara... o se cambia de máscara... o se la quita. Aunque hay quien muestra su cara, porque su cara es su máscara, aunque, lamentablemente, los menos.


Juan Pinto


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