Carnaval de Cadiz

De Puño y Letra


Libertad entre rejas


No sé tú, pajarillo, pero yo veo en tí algo más que una referencia a la Constitución de 1978. Será quizás porque a pesar del significado que te han dado, para mí podrías guardar relación con otros aspectos gaditanos como el carnaval.


Y no digo ésto basándome en tu aspecto, ni mucho menos: no lo digo en referencia a tu pico, aunque los carnavaleros lo usemos bien cuando cantamos o cotilleamos en la barra de un bar... Ni me refiero a tu cola, a pesar de que en carnaval tenemos, desgraciadamente, una bien grande: la del Falla. Y para los mal pensados, no, no me refiero tampoco a las plumas que a tí te faltan pero que en el carnaval abundan... Ya se sabe, en la Viña del Dios Momo tenemos de todo...


Me refiero precisamente a eso que dicen que representas, pajarillo. La opresión y la libertad. Opresión que durante años, hizo que un lápiz rojo cortara las alas a nuestros poetas, acabando algunos tras unos barrotes similares a los que hoy forman tu cuerpo tan sólo por intentar hacer lo que cualquiera de tu especie, volar en libertad. Opresión carnavalera que aún en nuestros días sufrimos los autores, pues siguen existiendo lápices rojos en las páginas de los diarios; lápices que miran quién eres antes de empezar a valorar lo que dices; lápices que ya no te mandan entre rejas, pero que pueden hundirte encarcelando tu pluma de por vida. Los mismos que juegan con la ilusión de los que tienen que ser el futuro de ésta fiesta, los jóvenes, y tachan de falso al que piropea a Cádiz desde la distancia, aunque la quiera más que alguno de sus propios hijos.


¿Y qué me dicen de la opresión existente en el papel de la mujer en el carnaval? A pesar de que durante años su única relación con nuestra fiesta ha sido sinónimo de aguja y dedal, hoy en día podemos disfrutar del timbre de voz de la mujer porque sus ganas de sentirse partícipes en el carnaval, han podido más que los absurdos y machistas comentarios de un sector más grande de lo que parece. Lástima que algunos no recuerden que a la inmensa mayoría de nosotros, nos durmió de pequeños la voz de una mujer.


Y digo yo, pajarillo, después de todo ésto...¿como podemos presumir de ser la cuna de la libertad? Es absurdo. Y más cuando los que deberíamos hacer uso de ella (los autores) llevamos cuarenta años escribiendo lo mismo. Si no, les invito a que se sienten a escuchar carnaval del antiguo y lo comparen con lo que escribimos hoy en día.


La libertad que tan bien vendemos al guiri que viene a Cai, se siente presa en nuestras manos ya que no somos capaces de diferenciarla del libertinaje. La libertad que tu cuerpo representa no es esa que da derecho a insultar sin fundamento alguno en un pasodoble, ni aquella que permite ridiculizar a alguien en un cuplé buscando la risa fácil de un pueblo cada vez menos exigente.


La libertad verdadera es mucho más que eso, es algo tan grande que ni tan siquiera aquí, supuesta cuna de ella, conocemos.


Ojalá algún día olvidemos esa opresión que tanto nos ha sacudido durante años y la encerremos entre tus barrotes para siempre. Y ojalá algún día seamos capaces de ser verdaderamente libres a la hora de pensar, escribir y cantar. Quizás ese día, piense realmente que tu verdadero sentido debería haber sido el carnaval en lugar de la Constitución del 78. Y por qué no, tal vez entonces te viniera mejor volar de Puertas de Tierra para anidar frente al Gran Teatro Falla.


Raúl Villanueva

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