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Carnaval de Uruguay - Carnaval de Montevideo 2010



Invitados - Guillermo Lamolle




Redacción CdC.com











Con los ecos carnavaleros todavía dando vueltas en la cabeza, en la transición de repasar lo que nos dejó el carnaval 2010 y ya ir tejiendo los primeros puntos del 2011 (que según mi tía son los más difíciles porque después que arrancás a tejer la vas llevando y el único peligro es que te quede largo), en el vértigo que meten los carnavaleros entre la última bajada y el primer ensayo, con un montón de presentaciones fuera del calendario de carnaval, participando en más de un espectáculo, componiendo, escribiendo, participando, carnavaleando, respirando… busqué a Guillermo Lamolle, al Flaco Lamolle.


La propuesta que ofrece La Gran Siete inspirada por Lamolle es distinta al resto, tiene su marca y estilo propios. Apuesta a la risa, a la diversión y disfrute del público, sin descuidar la calidad artística. Sobre ese argumento surge la posibilidad de que su visión del carnaval, de la categoría, de la fiesta en general también sea particular.


Guillermo Lamolle es músico, compositor, arreglador y cantante. Director responsable, director escénico, responsable de los textos y arreglos corales de la murga La Gran Siete, que cumple según ellos mismos lo proclaman sus primeros 0,02 Milenios de Esplendor. En este tiempo se destacó como mejor director de murgas, figura máxima del carnaval, premio Víctor Soliño a la mejor canción original de carnaval, entre otros premios y menciones. Además es arreglador y cantante del grupo Los Mareados, integrante de Asamblea Ordinaria y ha realizado diversos espectáculos como solista.


¿Cuál es el palo original? ¿Sos un artista que encuentra en lo carnavalero su medio de expresión o un carnavalero que encontró su veta artística?


Más bien lo primero. Yo hacía canciones, escribía cuentos, tocaba música en obras de teatro, el carnaval llegó recién a los veinticuatro años, en el '87. En el carnaval se exploran todas las posibilidades creativas, ya sea poéticas, humorísticas, actorales, de canto o de baile, y también está la parte plástica, a veces en manos de técnicos (vestuario, maquillaje para el concurso, escenografía) pero en la que todos participan de algún modo, y también en la pintada de cada día (el maquillaje de los tablados), que corre por cuenta de cada uno, con total o parcial libertad.


¿Qué recuerdo tenés de los tablados del barrio?


En los que yo conocí de niño (la Mutual, el Jardín de las Comparsas) me acuerdo de una diferencia: no había un gran cartel de un auspiciante importante, sino muchos carteles de los pequeños comercios del barrio. Había largas esperas entre uno y otro conjunto, y a veces se rellenaban con números locales o con los "fuera de concurso", imitadores, ventrílocuos y ese tipo de cosa. Las murgas sonaban diferente, es indescriptible, y bailaban distinto también. Todo era más individual, el baile de cada uno e incluso el diseño de cada traje. Pero a su vez, era más homogéneo estilísticamente.


¿Qué director de murgas recordás, porque llamara tu atención, por el baile, por el canto o por cualquier motivo, cuando no tenías ni idea que ibas a tener ese papel en el carnaval?


Pastrana. Yo vivía a unos metros de su casa y lo conocía como un vecino bastante gruñón. En el tablado era otra persona (o al menos lo parecía): un tipo elegante de frac y galera, que iba para un lado y para otro con pasos cortos y rápidos, y que al llegar al final pegaba la vuelta con un característico saltito. Después, de grande, descubrí que Pastrana había hecho sus aportes, a nivel musical, al género.


Suben al escenario, se preparan para cantar la presentación y la tribuna está atenta. ¿Qué suponés que está esperando ese público de La Gran Siete?


Creo que esperan que los sorprendamos, como siempre, con algo fuera de lugar, que provoque comentarios como "no pueden estar haciendo lo que estoy viendo". Soy consciente de que eso es muy difícil de mantener con el tiempo, pero bueno, hasta ahora creo que salió bien.


¿Qué implica el término carnavalero? ¿Qué requiere un espectáculo, un personaje, un barrio, un público, para ser "carnavalero"?


En general se asocia la palabra a un arte bohemio, no muy refinado, callejero... pero todo eso es algo vago, y deja mucha cosa afuera. No sé, a mí me gusta que se respiren rebeldía, libertad creativa, desfachatez. Que no se sea esclavo de lo políticamente correcto ni de las normas del concurso y mucho menos de los gustos de los jurados, a quienes todos conocemos porque se suelen repetir. Que no recurra permanentemente a fórmulas que se sabe que funcionan con el público. Claro, eso es lo que me gusta a mí, pero puedo encontrar muchísimos ejemplos de grupos, textos o formas de cantar -netamente carnavaleras- que huyen despavoridamente de esa descripción.


En carnaval, ¿dónde está el límite entre lo disfrutable y lo complicado?


En la inteligencia de los creadores y los intérpretes. El público no tiene límites. Yo he visto festejar ideas que de repente en teatro serían consideradas raras o vanguardistas. Es cierto que otras veces he notado que se acusa de "hermético" o "impopular" un repertorio que es claro como el agua. Pero ese mismo repertorio es aplaudido en un tablado de barrio. Y en otro, del barrio de al lado, no. No hay reglas. Pero en general, si las cosas están bien hechas, pueden ser todo lo complejas que se quiera. La dificultad está en hacerlas, no en entenderlas. Si no se entienden, no es porque sean complejas: es porque están mal hechas.


En los últimos veinte años fueron protagonistas y testigos de evolución, involución o por lo menos cambios en la propuesta murguera (desde una estructura de bloques al espectáculo global, o desde el movimiento escénico a la puesta en escena, por ejemplo). ¿Cuál es el cambio más positivo y cuál el menos positivo desde la perspectiva de este tiempo?


El más positivo, para mí, fue un desacartonamiento introducido por algunas murgas jóvenes, una cierta brutalidad para decir las cosas (al principio uno pensaba "esto lo digo yo y voy preso"). Lo menos positivo fue la forma en que el carnaval se apropió de lo que las murgas jóvenes tenían para decir: tomando prestado el envase pero rellenándolo con mierda, u obligando a las propias murgas nuevas a cambiar su estilo para poder ser aceptadas y transitar el camino del éxito.


Personalmente soy de la idea de que todo el público carnavalero de los tablados tiene el derecho a presenciar y disfrutar de todas las propuestas, a la vez de valorar el trabajo del artista que metió meses de ensayo. ¿Estás de acuerdo?


Sí. Estoy de acuerdo.


¿Se está logrando?


No, no se logra; tal vez un poquito, una nadita, especialmente en los tablados municipales. Pero basta ver las programaciones para darse cuenta de que lo que manda es la seguridad de que con estos cinco conjuntos lleno el tablado y con los demás podría ser pero no sé, para qué arriesgarme. La gente se queja, se queja y se queja, pero sigue comprando la entrada y viendo diez veces a los mismos conjuntos. Es un círculo piojoso.

Tampoco estoy de acuerdo con subsidios tipo obligar a los tablados a llevar ene veces a cada conjunto. Eso sería peor, porque aparecería un montón de conjuntos-basura que sin ningún esfuerzo tendrían cierto número de actuaciones aseguradas. Ni una cosa, ni la otra.


A partir del espectáculo de este año de La Gran Siete y mirando hacia el 2011 ¿cuál es el ingrediente que le agregarías o acentuarías?


Le sacaría autorreferencias (que este año fueron necesarias) y las sustituiría por un cuplé algo más largo y estructurado, como lo fueron El Tilde o El Bolsillo.


La murga es algo para concebir, realizar y saborear como un todo, por lo menos para mí. ¿Cómo se hace eso compatible para crear y poner el espectáculo cuando para el concurso hay que atender además el rubro a rubro?


No dándole demasiada bola al rubro a rubro.


Algunos integrantes del jurado ya tienen sus años en esa función. Más allá de su idoneidad o capacidad, eso hace que tanto el público como los participantes vayan sabiendo sus gustos, cómo califica. En la carrera por conseguir puntos, eso se puede aprovechar haciendo más o menos lo que se sabe que ese jurado puede calificar mejor. ¿Eso puede llegar a modificar una propuesta o marcar una tendencia en la generalidad de los espectáculos? Por encima de que se haga o no, por encima de que suceda o no.


Sí, especialmente porque aún cambiando los jurados se mantiene cierto "criterio estético", llamémosle, y si un jurado se aparta de él, al otro año es recusado por algún conjunto y no está más. No siempre pasa, pero es frecuente.


¿Cuándo y cómo se festejan los veinte años de La Gran Siete?


Los veinte se festejan el doce de junio (que es casi invierno) en la sala Zitarrosa. Será una recopilación de temas viejos, con algunos integrantes antiguos sumados (que hoy son más conocidos por salir en otras murgas) y algún video no musical preparado para la ocasión, más una exposición de fotos, notas de prensa etc. Por ahí va, aunque seguimos inventando.


Estoy por hacerle una nota al Flaco Lamolle, ¿qué le preguntarías?


¿Dónde dejaste la llave?


Gracias, Flaco. Un fenómeno, otra vez.


José Arisi


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