| Actuación en la fase preliminar.-
PRESENTACIÓN
"Yo me siento vagabundo de una tierra milenaria... Brindo este romance al que tuvo
que partir..." Buena presentación la de esta comparsa gaditana, sencilla pero
bonita. Y un tipo, por desgracia, muy actual.
PASODOBLES
"Hoy he solido de casa con el llanto del olvido, me acompaña una maleta, en la otra
mano el destino... El voto de tanta gente lo mantienen con un puente que todavía no han
empezao..." En el primero de los pasodobles cuentan la marcha de un joven gaditano
para buscarse el futuro al mismo tiempo que le dan un rapapolvo merecido a los gobernantes
de la ciudad por no cuidar el empleo... Muy buena letra de pasodoble, buena música y
buena interpretación.
En el segundo de los pasodobles un padre que no es padre se enamora de una hija que no es
su hija porque antes se enamoró de su madre, acabando el pasodoble dándole otro
rapapolvo merecido a ese hombre que olvidó su responsabilidad de padre y abandonó a la
madre de su hija para no cargar con el marrón... Buena letra de pasodoble.
CUPLÉS
En el primero de los cuplés hablan de una sombrilla de playa... pero con doble sentido
gaditano al final. Simpaticote cuplé y correcto estribillo.
"Esto no es un maltrato, la hija de puta es que ni me trata..." Buen final de
cuplé que no hace reír... Seguramente en labios de otras comparsas hubiera hasta
provocado carcajadas.
POPURRÍ
"Sólo quiero tu sonrisa... madre, te escribo esta carta..." La melancolía por
la cuna y el amor no correspondido por la tierra que te vio nacer, así comienza el
popurrí de esta comparsa que representa, vestidos como si de otros emigrantes de hace
medio siglo, el emigrante de hoy, no tan distinto al de ayer. "El sur, ay, mi
sur..." El popurrí ronda siempre la idea del desarraigo, así comienza y así acaba.
COMENTARIO
"¿Por qué chillan tanto?", pregunta Fina, aún tapándose los oídos.
"Sí, de vez en cuando chillan un poquito, sobre todo en el popurrí", respondo
yo. Como a ella no le ha gustado y a mí en algunos momentos sí, pues le damos a esta
comparsa dos calditos de puchero con su matita de yerbabuena cada uno; eso sí, bien
calentitos, para combatir el frío.

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